07
ago
El Mundo

La mal llamada guerra comercial China-USA (es mucho más que una simple guerra comercial o incluso una guerra de divisas) ha aparecido en el peor momento del ciclo económico de los países occidentales. En plena fase de desaceleración del crecimiento y a las puertas de una más que probable recesión, las tensiones comerciales y financieras entre las dos mayores economías del mundo agravan el agotamiento del ciclo introduciendo volatilidad en los mercados financieros, frenando los flujos comerciales y empeorando la percepción que tiene la sociedad de cuál será el más inmediato futuro.

Si bien todos estos efectos negativos se están extendiendo de forma transversal a las principales economías, el área económica más afectada a corto y medio plazo es la UE, dado que al impacto de las tensiones comerciales en el PIB se une el juego peligroso de un no-deal Brexit, la falta de acuerdo en torno a las cuestiones básicas del Presupuesto Comunitario 2021-27, la designación de Christine Lagarde (partidaria de la monetización de la deuda pública y de los tipos de interés negativos desde el FMI) para presidir el BCE, la inestabilidad política crónica en Italia y, además, la falta de Gobierno en España con grave riesgo de descontrol de las cuentas públicas.

Los efectos económicos de corto plazo más relevantes son la rebaja de previsiones de crecimiento de la propia Comisión Europea para la Zona Euro (1,2% para 2019 y 1,4% para 2020) pasando a depender casi en exclusiva de la demanda interna, una depreciación acumulada del euro frente al dólar de un 3% desde principios de año, el bono alemán a 10 años se hunde por debajo del -0,5% y la pérdida progresiva de una de las ventajas competitivas de Europa como es su fuerte superávit en la cuenta corriente que se sitúa en el 3% del PIB frente al 3,2% anterior.

A todo ello se añade la falta evidente de criterio y posicionamiento por parte de Bruselas ante las batallas más importantes de la geopolítica como el dominio tecnológico, el flujo de inversiones exteriores o el papel de sus empresas en las cadenas globales de valor. Lejos de buscar una posición fuerte y colaborativa entre medias de los bloques americano y chin (incluso jugar el papel que ha dejado de tener Japón), sus escasos pronunciamientos están contribuyendo a incrementar más la tensión con EEUU. Es el caso de empeño por parte de Francia y otros países europeos (como España) de implementar el impuesto digital, ya claramente direccionado com instrumento de ataque de Europa contra las grandes tecnológicas americanas, pero que terminará afectando también a las grandes digitales europeas.

Como era de esperar, el presidente Trump ha reaccionado amenazando con restricciones al comercio, lo cual empeora la posición de Europa y, en especial, de sus principales sectores productivos que deben buscar en el exterior nuevos mercados que amortigüen la desaceleración progresiva de la demanda interna y amenazas regulatorias en materia energética y alimentaria (principalmente los sectores agroalimentario, energético, bancario y químico-farmacéutico, entre otros).

Nadie dijo que fuera a ser fácil el cambio de equilibrio del poder global. Por eso, es necesario prepararse para una prolongación de la tensión en los próximos meses hasta que se produzca el inevitable pacto China-USA que determinará el juego económico y político del próximo medio siglo.


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