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abr
Diario de Navarra

A política populista que está imponiendo Pedro Sánchez para mantenerse en la Moncloa es similar a la del cuatripartito foral. También sus ruedas de prensa responden al mismo propósito: utilizar la fortaleza que da el poder institucional para hacer electoralismo partidista. Estas comparecencias recuerdan a una obscena puja por el voto de los sectores sociales de rentas medias-bajas. En ellas, la subastadora de turno, ministra o consejera, parece lanzar el siguiente mensaje implícito: “Dame tu voto, porque, a cambio, vas a recibir gratis unos beneficios sociales alucinantes… ¿Hay quien te dé más?”.

La cruel realidad es que los nuevos regalos resultan insostenibles, al no existir ingresos para sufragarlos. Este fraude conduce, inexorablemente, a un crecimiento de deuda, lo que puede provocar el próximo colapso económico. Cuando esto ocurra, muchos se darán cuenta de lo antisociales que realmente eran los Consejos de Ministros de los viernes y las medidas que allí se adoptaban, porque no habrá recursos para el aumento de los
damnificados.

Lo peor de nuestra deuda soberana reside en que, a diferencia de la de otros países, la mitad de los inversores que la han comprado son extranjeros. Si la confianza en nuestro país cayera, los intereses de las nuevas emisiones de bonos subirían, y la situación se volvería muy comprometida. También sucedería algo semejante si el Banco Central Europeo elevara los intereses del dinero.

Pedro Sánchez presenta el triste mérito de conseguir que la deuda pública española sea la segunda que más rápido crece en Europa. Lamentablemente, la Moncloa hace caso omiso a las recomendaciones de contención del gasto que le han hecho el Banco Central Europeo, la OCDE, la Comisión Europea, el FMI y el Banco de España. Estas instituciones han enviado serias advertencias del peligro que supone una deuda pública que se ha situado, en 2018, en 1.170.961 millones de euros. Es decir, un 2,3% más alta que la del cierre de 2017. Si a esta pésima cifra se une el descontrol del déficit, porque se sigue gastando más de lo que se ingresa, el desastre está servido.

El dato en el que se apoyan tanto el Gobierno de España como el de Navarra para defender la buena marcha de la economía es que ésta crece más que en Europa o en el resto del país, respectivamente. Esta afirmación se trata de una gran falacia, porque un tercio del crecimiento nacional se debe a un mayor gasto público, lo que provoca que el déficit fiscal siga aumentando. Tampoco es creíble que se logre la recaudación estimada, porque el apretón tributario es tan brutal que desincentivará la inversión, la creación de empleo, y propiciará la salida legal de capitales.

La película Los hermanos Marx en el Oeste, en la que Groucho quemaba en el tren todo lo que encontraba, al grito de “más madera”, recuerda a lo que están haciendo Sánchez y Barkos: bajo la consigna de “más gasto”, pretenden que su partido gane la carrera electoral, aunque sea a costa
de destrozar la locomotora de la economía.

Desgraciadamente, la situación de Navarra es algo peor que la de España por tres razones: 1) Nuestra Comunidad no tiene masa crítica para sobrevivir si nuestros dos mayores motores se gripan, bien por una crisis del automóvil, bien porque el deterioro de la convivencia que se ve venir disuada a los alumnos foráneos de estudiar en la Universidad de Navarra. 2) Exigir la tributación más gravosa (en su conjunto) de la nación impulsa la salida de los contribuyentes y de empresas. 3) El Ejecutivo foral lleva cuatro años incrementando el gasto público, mientras que el de Sánchez sólo ha tenido diez meses, por lo que nuestro ‘roto’ regional es mayor.

Por todo esto, resulta preocupante que el ciego populismo que comparten el Gobierno de Barkos y el de Sánchez se pueda materializar en un pacto entre los nacionalismos y el socialismo.


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