22
jul
Actualidad Económica

La ministra está triste, ¿qué tendrá la ministra? Los suspiros se escapan de su boca de fresa, que ha perdido la risa, que ha perdido el color. Aunque Rubén Darío no se inspiró en María Jesús Montero cuando escribió estos versos, lo cierto es que se le puedan aplicar perfectamente. Nuestra ministra de Hacienda está triste y quienes la queremos bien estamos preocupados por ella.

Parece que esta buena señora está obsesionada por elevar la recaudación fiscal. ¡Hay que acabar con el dogma de que donde mejor está el dinero del contribuyente es en su bolsillo!, nos dice con enojo. Y le indigna que la gente se resista a pagar más impuestos. Que hagan tal cosa los ricos y los grandes empresarios tiene sentido, sin duda, pues ya sabemos que los ricos y los grandes empresarios son tipos egoístas que solo buscan su beneficio particular y se desentienden del bien común. Pero que tampoco las clases medias quieran contribuir a elevar el gasto público es algo que le produce una profunda desazón. ¡Hay que hacer “pedagogía fiscal” para que los ciudadanos vean “sentido” y “utilidad” a los impuestos!, grita ante quien esté dispuesto a escucharla. Pero lo más sorprendente es que no se plantea siquiera es si su problema no estará, más bien, en el hecho de que la gente ha empezado a entender realmente lo que ocurre con sus impuestos y piensa que donde está mejor el dinero es en su bolsillo y no en las arcas del Estado.

La verdad es que esta señora, de hacienda pública, sabe más bien poco… siendo generosos. La idea de que “nunca se ha demostrado que la bajada de la contribución del ciudadano al sostenimiento de los servicios públicos se traduzca en un estímulo económico” es, simplemente, falsa. Y podría ahora mismo recomendarle algunas lecturas y el análisis de algunos datos que le vendrían muy bien para entender lo que ocurre en el mundo. Pero tal vez esto sea demasiado pedir.

Creo que, sin entrar en mayores profundidades, le bastaría con observar un poco la realidad para comprobar que está totalmente equivocada y que, de aplicarse sus ideas, el país se encontraría pronto con problemas muy serios. Eso sí, el Gobierno tendría más dinero para gastar.


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