20
sep
Periodicos del Grupo Vocento

Arranca un nuevo curso académico. Las aulas de España volverán a llenarse de alumnos, en un año en el que los niños bonitos que tengan 15 años serán objeto de un nuevo informe PISA. ¿Volverán a sacar los colores al país por estar en el pelotón de los ignorantes?

En el último informe, el de 2012, España ocupaba, de un total de 36 países, el puesto número 27 en Matemáticas, el 25 en Lectura y el 23 en Ciencias. En los tres casos, por debajo de la media de la Unión Europea y de los países de la OCDE. Apuntaba, sin embargo, una paradoja lacerante: España debería alcanzar unos resultados más airosos conforme al gasto que realiza en educación. A pesar de que éste se incrementa de año en año (de 4.464 euros por cada alumno de Secundaria en 2002 a 6.293 diez años después), las calificaciones obtenidas se obstinan en remolonear entre las rezagadas de las economías desarrolladas.

Las comparaciones son odiosas y, para muestra, un botón. Finlandia es pertinazmente el alumno aventajado de la UE. Segunda posición en Ciencias, bronce en Lectura y las Matemáticas parecen su talón de Aquiles: se tiene que conformar con un sexto puesto.

Pues bien, según datos de Eurostat, el gasto medio por un alumno finés de Secundaria es de 7.366 euros. Es decir, sólo 134 euros más de lo que cuesta el mismo alumno en España. Y, por si esto fuera poco, en relación al PIB por habitante, Finlandia se gasta menos: un 25,4% frente al 29,8% español. ¿Qué estamos haciendo mal? El informe señala un descenso del ratio alumno/profesor y un menor tiempo de instrucción en las áreas de conocimiento a examen, pese a que España cuenta con una carga de horas lectivas mayor que muchos países de la OCDE. Ya desde pequeños aparece esa triste realidad española: más horas en el tajo no implican mayor productividad.

Si atomizamos los datos por comunidades. Hay cuatro que se hallan por debajo de la media de la UE en las tres áreas de estudio: Murcia, Extremadura, Baleares y Andalucía. Además, en Ciencias también suspenden los catalanes; en Lectura, los cántabros; y en Matemáticas, los gallegos se llevan solo un aprobado raspado. Las puntuaciones más altas, sumando las tres áreas, corresponden a Navarra, Castilla y León y Madrid. La región que más porcentaje de gasto público en educación destinó a la enseñanza no universitaria (un 88,6%) fue precisamente Baleares, una de las cuatro que peor rendían en el informe PISA. En el otro extremo, Madrid fue la comunidad que menos gasto educativo dedicó a este capítulo (un 66,1%) y, sin embargo, se encontraba en el podio del estudio; eso sí, solo a nivel nacional.

También hay ejemplos en los que existe buena correlación entre inversión educativa y resultados académicos. El paradigma en esto es Navarra, la tercera comunidad con más porcentaje de gasto en educación no universitaria (85,8%), oro nacional en PISA.

Resulta impresentable que tras tanto gasto en educación volviéramos a aparecer en el pelotón de los torpes. Tal vez el problema no sea gastar más en este ámbito, sino la falta de motivación que tienen los estudiantes para esforzarse. Cuando no se reconoce valor a la superación de la dificultad cognitiva, el resultado es claro: la mediocridad igualitaria.

No es elitismo propiciar que cada alumno desarrolle todo su potencial distintivo, sino respeto al derecho a la propia realización personal. La culpa del suspenso que recibimos en PISA no es solo del sistema educativo, sino también de tantas familias que no inculcan hábitos de estudio en el hogar. Lo que hace falta no es gastar más, sino más exigencia y calidad educativa.


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