26
mar
ABC

¿Por qué somos ahora más de fiar que hace un año? ¿No seguimos teniendo una deuda próxima al PIB y un déficit irrefrenable en la mayoría de las comunidades autónomas? La realidad es otra. A pesar del abultado endeudamiento y del lacerante desempleo, la economía, como la Bolsa, se mueve por expectativas, y las de España seducen a los inversores tan exigentes como los de EE.UU. (3.516 millones de euros en 2014, con un aumento del 108,2%).

Estos días, el ministerio de Economía publicó las cifras de las inversiones productivas de los países extranjeros en España, registrándose una subida de un 10% en 2014. Este aumento representa una garantía que avala que vamos en el buen camino. El dinero se arriesga en los países en los que se espera que la rentabilidad sea más probable, de acuerdo a una investigación de los indicadores adelantados y otros parámetros menos cuantitativos, como la estabilidad política y la seguridad jurídica. Los datos reflejan que las compañías foráneas han mejorado su confianza en nuestro país, lo que apoya que la recuperación no es un reclamo electoral del PP, sino una certeza.

Sin embargo, no todas las comunidades ejercen el mismo atractivo. En Cataluña, las inversiones extranjeras han descendido un 15,8% y tan sólo representan un 34% de las recibidas por Madrid, que a su vez suponen más del 50% del total nacional. Por muy «antipepero» que se sea, hay que reconocer que la política económica de Ignacio González ha sido un acierto.

Volviendo a Cataluña, el descenso de las inversiones extranjeras ha supuesto que la asociación Empresarios de Cataluña vincule esta fuga de inversores al riesgo económico que encierra el soberanismo. Ante esta mala cifra, un consejero de la Generalitat ha asegurado que esta «ligera» inflexión no es significativa. ¿Tampoco lo es que el déficit de Cataluña en 2014 haya superado los 4.000 millones? Esta cantidad supone un 2,13%, el doble del objetivo que fijó Montoro. Negar la evidencia no hace más creíble el nacionalismo.


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