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nov
El Mundo

Recuerdo una cena en 2008 con unos empresarios energéticos en Dallas, Texas, en la que comentábamos las posibilidades que se abrían con la revolución del fracking, la energía solar y la energía eólica. Uno de ellos comentaba «el gas y las renovables son la pareja perfecta. Imbatible para generar seguridad de suministro y controlar los precios de la energía». No le faltaba razón.

Pero la realidad es que España, a pesar de ser pionera en energías renovables, tiene unos problemas estructurales muy importantes en el sector de la energía. Problemas que no tienen fácil solución, pero que debemos entender antes de poder solucionarlos. Como el paciente que va al médico con gran malestar pero sin saber muy bien lo que tiene, es importante entender y diagnosticar correctamente la enfermedad y sus causas, y no cometer el error de intentar tratar los síntomas. […]

El problema de la sobrecapacidad de generación eléctrica. España tiene capacidad excedentaria de más del 40%, resultado de una burbuja de infraestructuras y capacidad de generación eléctrica que se creó con el aplauso de todos, ciudadanos, gobiernos, empresas y reguladores, y que tiene muchas similitudes con la inmobiliaria.

Los gobiernos que planificaron para un crecimiento «eterno».

Unas comunidades autónomas que tenían que tener todas una planta de regasificación, miles de molinos, cientos de placas solares y decenas de ciclos de gas.

Una remuneración y un sistema de subvenciones que hunde la competitividad si no crece la demanda.

Una población que aplaudía excesos regulatorios en subvenciones.

Un sector que se lanzó al calor de expectativas de demanda injustificadas y subvenciones y se ahogó en deuda. Ahora se encuentra con rentabilidades paupérrimas y problemas de calificación crediticia.

Todo un país que piensa que nada se paga.

¿Cómo llegamos a esta situación?

Causa1: Una planificación obligatoria y regulada. A principios de la década se dieron en España un par de cortes de suministro, lo que llevó a los gobiernos a aprobar «con urgencia» una enorme cantidad de proyectos de ciclos combinados de gas, donde cada Comunidad Autónoma tenía que garantizar su «seguridad de suministro». […]

En un documento del año 2013 del presidente de la Comisión Nacional de Energía, Alberto Lafuente, mostraba cómo la planificación energética –que era obligatoria– aprobada por el Gobierno para 2002-2011 asumía un crecimiento medio anual del PIB –y con él la demanda energética– del 2,9% hasta 2006 y del 3% de 2007 a 2011.

El «error» de estimaciones de demanda planificada superaba el 35% entre 2007 y 2014. Así, en España, se construyeron decenas de miles de megavatios de nueva capacidad de acuerdo a esas «previsiones conservadoras», llenando el país de plantas de ciclo combinado y solares que no eran necesarias en su momento, y que fueron construidas fruto de una política de planificación «de burbuja».

Los gobiernos crearon efectos llamada con suculentas subvenciones, estimaciones de demanda de ciencia ficción y permisos descontrolados, que lo único que han conseguido es generar sobrecapacidad, clientelismo, sobrecoste y deuda. […]

Causa 2: Excesivas subvenciones. Nos encantan las subvenciones. Les buscamos distintos nombres, «ayudas», «apoyos», «primas», «incentivos». Léxico burbujero. La enorme mayoría de la población las apoyaba. Sólo que nadie quería saber cuánto costaban.

Tras los cortes de suministro, los gobiernos aprobaron una enorme cantidad de proyectos de ciclos combinados de gas para garantizar su «seguridad de suministro», con el incentivo de pagos de capacidad garantizados de unos 600 millones anuales, se construyeron 27.000 megavatios entre 2002 y 2012.

Luego llegó la economía verde basada otra vez en la planificación obligatoria a base de subsidios, y sin sustituir ninguna tecnología, lo que generó otros 26.000 megavatios. En solar fotovoltaica, se construyeron 3.243 megavatios, ocho veces más que los 400 planificados, alcanzando un 6% de la electricidad generada y un 26% de las primas otorgadas. El comportamiento de las CCAA, aprobando proyectos muy por encima de lo previsto, tiene un coste de 7.000 millones que sube hasta los 9.000 millones en 2020, según planificación obligatoria y regulada.

Mientras tanto, se seguía manteniendo el carbón nacional con subvenciones, que suponía otros 450 millones. Suma subvención y sigue, además de ser totalmente contradictorio de una política verde, ya que el carbón es un gran contaminante.

Para todos estos planes de «crecimiento» hubo que construir redes. También planificadas obligatoriamente. Otros 1.400 millones al coste.

Además, pese al exceso de capacidad, y por si se volvía a dar un apagón, subvenciones a los clientes para que aceptasen «interrumpir» su suministro eléctrico. Otros 500 millones anuales que se disparan a casi 700 millones en 2013. Pero ¡que no falte nadie!, subvenciones a la cogeneración de las industrias. Otros 1.989 millones. Total, más de un 1% del PIB en subvenciones cada año. […]

Causa 3: Crecimiento financiado con excesiva deuda. La expansión en España se ha financiado a base de gran apalancamiento financiero, lo que ha dejado a las eléctricas y renovables entre las más endeudadas, con una deuda equivalente a 3,9 veces el Ebitda.

Estos niveles de deuda excesivos, fruto de la avaricia y de la «planificación burbuja», acarrean muy serios problemas en cadena por todo el sistema. Los costes son altos y los pagamos todos.

Causa 4: Hotel California. Como era el caso en Hotel California, la famosa canción de los Eagles, donde se podía dejar la habitación las veces que quisieras pero no salir del hotel, el problema añadido en España es que no existen mecanismos ni se permite corregir la sobrecapacidad generada. En cualquier mercado, no sólo el energético, cuando sobra capacidad, lo lógico es permitir que el sistema se ajuste. Permitir que quiebre quien tenga que quebrar, y que de esta manera se limpie el sistema.

Pero en España, a pesar del 40% de sobrecapacidad, ninguna región permite que se cierren sus plantas. Los sindicatos, gobiernos regionales, gobiernos nacionales y opinión pública protestan ante cualquier posibilidad de eliminar excedentes de generación.

En Alemania, con un problema de sobrecapacidad del 17% (mucho menor que el 40% de España),187 en el 2014 el regulador Bundesnetzagentur ha aprobado el cierre de 4.700 megavatios netos de capacidad de generación eléctrica, por encima de los 3.600 megavatios estimados previamente. ¡Lo irónico es que tampoco aceptamos pagar los costes de estos excedentes!

Queremos capacidad gratis. Nos gusta la sobrecapacidad. Pero no queremos pagar por ella. ¡La solución que nos dan es aguantar la respiración y esperar a que crezca la demanda a niveles adecuados!

Si hay exceso de capacidad, hay que permitir que el mercado se ajuste, por el bien de todos.

Causa 5: Las reformas eléctricas y la inseguridad jurídica. Recuerdo lo que me dijo hace ya varias décadas un alto ejecutivo de una energética: «No hay nada peor que un activo cautivo», refiriéndose a inversiones que dependen de ingresos garantizados por el Estado. Porque una vez invertido, no te puedes escapar. Y la historia está plagada de regulaciones cambiadas, revisadas o eliminadas.

En otras palabras, los gobiernos cambian las reglas del juego, y con ellas la rentabilidad y viabilidad de las inversiones. Esta genera un riesgo de inseguridad jurídica que daña gravemente la imagen del país donde cambios regulatorios se perciben aleatorios, retroactivos, y confiscatorios. […]

Se ha llegado a la situación perversa por la cual la mayoría de nuestras empresas energéticas simplemente no genera ninguna caja libre, por eso su deuda no baja, a menos que vendan activos.

Son rehenes del mismo sistema planificado en el que invirtieron (en EEUU se les llama stranded assets). Mucha gente habla de los «beneficios» de las energéticas, pero pocos se fijan en su situación atroz de caja y balance. Sin embargo, como sector rehén, sufre de una pobre generación de caja y alta deuda.