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jul
Expansión

Desde los sindicatos se defiende la idea de que las organizaciones de trabajadores desempeñan un papel fundamental en la determinación de los salarios y son la barrera que impide que los empresarios exploten sin límites a sus empleados. Afirman, adenaás, que su capacidad de negociación es precisamente lo que diferencia las relaciones laborales de nuestros días de las que estaban vigentes en el siglo XIX; y añaden que la pérdida de poder que han experimentado las organizaciones sindicales en los últimos tiempos, en especial desde la crisis de 2007, explica, al menos de forma parcial, el estancamiento que actualmente registran los salarios, en especial los de los trabajadores menos cualificados, en buena parte del mundo. De acuerdo con esta visión de las relaciones laborales, el nivel salarial en un sector concreto, o en una determinada economía, es el resultado de una disputa permanente entre quienes ofrecen y demandan trabajo. Si los empresarios tienen más fuerza, los salarios disminuyen; si ocurre lo contrario, aumentan los salarios de los trabajadores.

Esta forma de explicar la fijación de los salarios parece tan sencilla como convincente. Pero deja a un lado algo que no se percibe a simple vista: el elemento más importante en la determinación de los salarios -especialmente en el largo plazo- es la productividad de los trabajadores. Y es el fuerte crecimiento de la productividad del trabajo a lo largo del último siglo y medio lo que mejor explica las diferencias entre las remuneraciones que perciben los trabajadores hoy y las que obtenían, por ejemplo, en 1870.

Sería un error, sin embargo, pensar que los sindicatos no desempeñan papel alguno en la determinación de los salarios. Es verdad que han tenido una relevancia mínima en la mejora de las condiciones de vida de la gran mayoría de los trabajadores en el largo plazo. Pero es cierto también que pueden elevar los salarios para ciertos grupos de empleados; o incluso para todos los trabajadores, pero en este caso sólo por un tiempo limitado.

Escenarios

El primer supuesto es el de los sindicatos sectoriales, cuyos miembros constituyen un grupo relativamente pequeño y cohesionado y son especialistas en actividades en las que es difícil encontrar buenos sustitutivos. Ejemplos de éstos pueden ser los sindicatos de pilotos o de controlaLos sindicatos sectoriales como controladores aéreos tienen mayor capacidad. Cuando los altos salarios hacen perder competencia a la empresa, ésta reduce la contratación Al crecer la tasa de paro, se produce una reducción de los salarios reales que eleva de nuevo la contratación dores aéreos. Estas organizaciones tienen capacidad, en efecto, para conseguir elevar los ingresos de los miembros del grupo frente al resto de los trabajadores de un concreto sector productivo.

El segundo caso se registra cuando, en un determinado momento, por circunstancias diversas, sube el conjunto de los salarios sin que la productividad lo haya hecho en la misma proporción. Y hay numerosos ejemplos históricos de situaciones como ésta Por citar algunos bien conocidos, cabe recordar lo que ocurrió tras la Primera Guerra Mundial y los reajustes que tuvieron lugar en la década de 1920. 0 lo que sucedió en España en los años de la denominada transición democrática. El problema es que estas situaciones son necesariamente inestables. La respuesta de los empresarios a salarios que les resultan demasiado altos para competir en el mercado es, casi siempre, reducir la contratación y aumentar sus inversiones en bienes de capital.

Tal estrategia tiene como efecto que la productividad de los trabajadores que han conservado su empleo se eleva -al aumentar el stock de capital por persona empleada- hasta hacerla compatible con los nuevos salarios. Pero esta reacción hace crecer la tasa de paro, y un desequilibrio en el mercado de trabajo de esta naturaleza tiene como efecto una reducción de los salarios reales, que permite elevar de nuevo la contratación. Tal reducción puede ser en términos monetarios y reales al mismo tiempo -menos euros por hora trabajada- o en términos reales exclusivamente -mayor alza del nivel de precios que de los niveles salariales-. Pero el mercado acaba ajustando siempre salarios y productividades. Yen este ajuste los sindicatos tienen realmente poco que hacer.

Uno de los errores más frecuentes en economía es la aplicación de forma acrítica del principio post hoc, ergo propter hoc’; es decir presuponer que el hecho de que un suceso B siga en el tiempo a un suceso A implica que A es la causa de B. Desde los sindicatos se puede presentar una justificación histórica de su argumento, alegando qute el fortalecimiento de las organizaciones sindicales ha sido seguido por una mejora generalizada de los salarios. Pero interpretar estos hechos en términos de causa y efecto sería una equivocación. Afortunadamente, los trabajadores vivimos mnucho mejor que en el pasado. Pero la razón, sin duda, es otra.


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