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nov
El Mundo

El cuatripartito –Geroa Bai (9 escaños), EH Bildu (ocho), Podemos (siete) y la marca navarra de Izquierda Unida (dos)– lleva gobernando Navarra tres años y medio. En ese periodo le ha dado tiempo a convocar plenos sobre la autodeterminación, izar la ikurriña en el Ayuntamiento de Pamplona y, sobre todo, aprobar leyes para primar el euskera –en detrimento del 93,3% que no lo habla– tanto en la educación como en las oposiciones y en la administración.

Incluso, en la zona en la que el castellano es la única lengua oficial. Pero no todo ha sido ingeniería sociolingüística. Los sucesos de Alsasua –en 2016 un grupo de jóvenes apaleó a dos guardias civiles– volvieron a evidenciar la paz de plomo en la que aún se vive en muchas localidades de Navarra (y el País Vasco) después del llamado «desarme definitivo de ETA».

Basta recordar lo sucedido en el acto de Ciudadanos en Alsasua la semana pasada. La convocatoria de Albert Rivera fue recibida con montones de estiércol, pedradas y la inquietante presencia de Jesús María Zabarte, el llamado carnicero de Mondragón, responsable de 17 asesinatos de la banda.

A nadie le sorprendieron las críticas de los nacionalistas y radicales congregados. La sorpresa llegó por parte del portavoz socialista en el Senado, Ander Gil, que dijo que el acto organizado por Ciudadanos era «irresponsable».

Lo acontecido la semana pasada en la localidad de Alsasua simboliza bien el dilema al que se enfrenta Navarra. Para algunos como Julio Pomés, presidente del think tank Civismo, en las próximas elecciones del mes de mayo la comunidad foral se juega su existencia. «Si no hay un cambio en el Gobierno, Navarra seguirá la senda de Cataluña. [En Alsasua, por cierto, se vieron esteladas]. Y hay dos problemas. Por una parte, que UPN, PP y Ciudadanos compiten por el mismo espacio. Evidentemente, dividir el voto (sobre todo si se presenta Vox) va a debilitar el centroderecha. Por otro lado está lo que vaya a decidir el PSN y si está muy condicionado por el apoyo del nacionalismo al Gobierno socialista de Madrid».

María Chivite, presidenta del PSN, responde con vehemencia e incluso con cierta indignación cuando se le pregunta si se alineará con el constitucionalismo o con el nacionalismo. «Es que no tiene nada que ver. Navarra es una sociedad plural. Siempre lo ha sido. Hay ocho opciones políticas. Yo no soy partidaria de la política de bloques, sino de los pactos. Las políticas de bloques hacen crecer el nacionalismo». La socialista sólo pone dos «líneas rojas».

No gobernarán con el Partido Popular por motivos políticos –es «nuestro oponente»–, ni con EH Bildu por «motivos éticos». Sánchez no ha tenido tantos escrúpulos para recibir su apoyo. «Nosotros queremos que Navarra siga siendo foral, pero también pedimos más autogobierno». Pero, ¿hará presidenta a Uxue Barkos? Chivite trata de zafarse: «Yo no he dicho que vaya a hacerlo. Ni tampoco lo contrario. Queremos un Gobierno progresista, pero también que no se siga ahondando en las políticas identitarias. De hecho, revertiríamos parte de las políticas lingüísticas porque no se adaptan a la realidad social. No se puede imponer un idioma».

Chivite, como todo político, se dice segura de que el PSN se impondrá a Geroa Bai en las próximas elecciones. En Navarra, los márgenes son estrechos. «Barkos fue presidenta por 8.000 votos». En cualquier caso, el Gobierno progresista de Geroa Bai y PSOE sólo sería posible con la abstención de EH Bildu. «Eso no es gobernar con ellos», dice. Chivite aparenta ser más reacia respecto a un Gobierno con los constitucionalistas. «No creo en los bloques, sino en los pactos. El PSOE no tiene nada que demostrar porque ya ha apoyado a UPN».

De hecho, pocos recuerdan que en 2007 Fernando Puras, entonces líder de la formación socialista en Navarra, dimitió después de que la dirección federal impusiera que el PSN apoyara a UPN en lugar de a Nafarroa Bai. Pero aquel PSOE ya no es este PSOE «de garrafón», por utilizar la terminología de Fernando Savater. «Y también, ETA ha dejado de matar. Todo ha cambiado», explica un antiguo cargo de los socialistas navarros. Pero aún así, el nacionalismo sigue persiguiendo sus objetivos desde el poder.

El viraje del PNV en la moción de censura que hizo presidente a Pedro Sánchez resulta para muchos un indicio de que finalmente el PSN dará su apoyo a Geroa Bai después de las elecciones de mayo. Algunos apuntan el decisivo papel en la negociación del navarro Santos Cerdán, secretario ejecutivo de Coordinación Territorial del PSOE y mano derecha del presidente en el partido. ¿Sería el Gobierno de Navarra la moneda de cambio para que en apenas una semana el PNV pasara de votar los Presupuestos de Mariano Rajoy a propiciar su salida?

Chivite se indigna mucho con la simple mención de esta posibilidad. «¡Qué chorrada! La situación en Navarra se distorsiona en cuanto se hacen interpretaciones en clave nacional. Lo que pasó el otro día en Alsasua no es representativo de la sociedad. Ciudadanos no tiene ni idea de lo que pasa aquí. Es verdad que allí hay gente intolerante –que conste que también rechazo lo que hicieron a los guardias civiles–, pero en Navarra se vive muy bien».

La posición del PSOE preocupa al constitucionalismo navarro. Según todas las encuestas, UPN, el partido liderado por José Javier Esparza, volverá a imponerse. «Los socialistas tienen un papel fundamental en detener la deriva nacionalista de Navarra. Todo indica que el próximo mes de mayo el cuatripartito no logrará revalidar su mayoría. Y ahí el PSOE tendrá que retratarse».

José Javier Esparza recuerda algunos de los dislates del Gobierno de Uxue Barkos. «Están tratando de que el nacionalismo vasco penetre en Navarra hasta que sea irreversible. Lo que han hecho con la contratación de las administraciones –el vascuence es obligatorio si se trabaja de cara al público–, con la educación –el comedor, por ejemplo, es gratis para los niños que elijan el euskera–, en las oposiciones. Todo va en esa dirección. Además han eliminado la presencia de los Reyes en los Premios Príncipe de Viana».

¿Y qué hará el constitucionalismo? «Nosotros vamos a ganar las elecciones como la última vez, pero necesitamos al PSOE». La última encuesta de Navarra.com confirma las sospechas de José Javier Esparza: UPN volvería a alzarse con la victoria (13 escaños), Ciudadanos entraría con tres y el PP conservaría a sus dos diputados.

El cuatripartito navarro sumaría tan solo 23 escaños –frente a los 26 que tienen en la actualidad– y perdería la mayoría. El PSOE, por su parte, lograría nueve. Los mismos que Geroa Bai. «Vamos a necesitar al partido socialista, porque otro Gobierno nacionalista sería letal para Navarra», comenta la aguerrida Ana Beltrán del Partido Popular. El temor no es infundado.

La Constitución española, a través de la disposición transitoria cuarta, establece un procedimiento para la incorporación de Navarra al País Vasco mediante referéndum que no necesita ser aprobado por el Congreso de los Diputados.

De momento, la demanda social del referéndum es minoritaria –«un 30%», como reconoce la propia Uxue Barkos– en Navarra, pero como apuntan desde la formación de Albert Rivera, el nacionalismo vasco trabaja para revertir la situación. «A eso van encaminadas todas sus medidas», explica Carlos Pérez Nieves, portavoz del partido naranja en la comunidad.

El socialista Santos Cerdán no ha atendido a las llamadas de este periódico, pero sí que dejó su posición más o menos clara en Noticias de Navarra. «La apuesta del PSN es por un Gobierno de izquierdas y progresista, también con Geroa Bai», señaló el secretario del Coordinación Territorial del PSOE. «Estamos en un momento para llegar a acuerdos», sentencia Chivite. 


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