26
sep
El Economista

El relevo que se va a producir en los principales directivos de Santander responde a una realidad económica y financiera hostil hacia el negocio bancario tradicional y, muy especialmente, sobre las grandes entidades que buscan nuevas fuentes de rentabilidad lo más descorrelacionadas posibles de la senda de los tipos de interés y de la política monetaria de los bancos centrales del mundo. En este caso, Santander apuesta por reforzar su perfil de banca de inversión con una figura muy conocida en el mercado financiero como Andrea Orcel, cuya parte más destacada de su carrera la hizo en el antiguo Merrill Lynch, arquetipo de la banca corporativa anterior a la crisis.

Sin embargo, lo positivo que puede generar esta señal clara hacia el mercado, choca con una preocupación inmediata que es el nivel y calidad de la ratio de capital. La banca de inversión es un negocio que intrínsecamente “quema” recursos propios por las exigencias que Basilea III establece y que entrarán plenamente en vigor en el año próximo. Precisamente por la actividad que Santander ha desarrollado históricamente en el mercado financiero, sus ratios de capital especialmente en términos fully-loaded siguen siendo modestos con respecto al sector. Por tanto, esta nueva apuesta incidiría en este mismo punto débil señalado por el mercado, y que desembocó en una ampliación de capital en 2015 nada más llegar Ana Botín a la presidencia, proceso que afrontó de forma impecable el aún CEO José Antonio Álvarez, reconociendo los puntos débiles de la entidad, algo que era desconocido hasta la fecha en esta casa.

Además, el desarrollo de los acontecimientos con Popular no invita al optimismo en materia de rentabilidad y blindaje de las estructuras del Grupo por las posibles responsabilidades judiciales que se deriven en los próximos meses. La ampliación de capital de 7.000 millones y los recursos adicionales puestos por Santander es probable que no resulten suficiente para provisionar pérdidas de entre 500 millones y 2.000 millones de euros, según la última estimación de Kepler.

En virtud de esta situación, ciertamente compleja, el Santander debe optar o por seguir construyendo un Grupo cuya base mayoritaria esté formado por banca comercial o bien apostar fuerte por la banca de inversión, apartando el negocio minorista de la cuenta de resultados y buscar una fórmula o vehículo que integre unidades menos rentables y los problemas múltiples en España, Reino Unido o Brasil, entre otros.


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