03
sep
El Mundo

La guerra civil en Siria comenzó en marzo de 2011. Tanto Estados Unidos como la Unión Europea no han sido ajenos al esfuerzo bélico de los rebeldes que luchan contra Bashar Asad. El apoyo a estos grupos ha variado en la medida en que se ha descubierto que muchos guardaban más o menos afinidad con el islamismo radical, incluido el aborrecible Estado Islámico. Pero sólo este verano, los europeos han sido conscientes del drama colectivo de la guerra siria porque han visto llegar en masa a los refugiados hasta sus fronteras.

¿Por qué ha tardado más de cuatro años en suceder esto? Una razón es el tiempo: cuatro años es un lapso suficiente para perder toda esperanza de volver a desarrollar un proyecto de vida en Siria. Pero hay una respuesta menos obvia y es que durante casi todo este tiempo Turquía ha frenado el fenómeno. Puede decirse que el coste que suponía para Europa tolerar (y no digamos alentar como sucedió en las primeras fases) un conflicto como el de Siria resultó oscurecido por el papel que cumplió Turquía acogiendo a cientos de miles de desplazados en el sur de su territorio.

Se ha creado así una situación de riesgo moral en la que los votantes europeos no han sido conscientes del coste que eventualmente debían asumir por su acción o inacción en este conflicto. Según Naciones Unidas, los refugiados sirios en Turquía en diciembre de 2014 eran 1,7 millones. Se estimaba que en el transcurso de este año superarían los 1,9 millones. Los primeros campamentos sirios en Turquía se establecieron en julio de 2011, al poco de empezar la contienda.

Ankara ha lidiado con este problema sin rechistar. Pese a que el régimen del presidente Erdogan está en la mira de las organizaciones internacionales por sus tendencias autoritarias y la falta de respeto a las libertades civiles, Naciones Unidas ha admitido que desde que empezó la guerra, «Turquía ha mantenido una respuesta de emergencia de altos estándares de consistencia y ha declarado un régimen temporal de protección, garantizando la no devolución de los refugiados».

¿Qué ha cambiado en Turquía? Bueno, las elecciones del 7 de junio pasado acabaron con la mayoría del partido de Erdogan. Éste quería obtener una amplia representación para transformar el país de una república parlamentaria a una presidencialista. No lo logró. Surgió, también, un cuarto partido fuerte. Esto contribuyó a que se produjera un Parlamento sin mayorías claras. Con una serie de triquiñuelas legales, el presidente ha evitado que la segunda fuerza intente formar Gobierno y ha convocado nuevas elecciones.

La llegada de refugiados sirios a Europa que, pasando por los Balcanes, salen de Turquía, es un recordatorio de los servicios que Erdogan rinde a la UE al garantizar que su país sirva de interface entre la barbarie de Oriente Próximo y la civilizada Europa. Un papel que a Erdogan le gustaría ver valorado, aunque la barbarie sólo se vea difuminada.


Deja un comentario