02
abr
El Economista

Caídas del 7% en las ventas de turismos, del 20% en el crédito a pymes, del 5,2% en la demanda eléctrica de la industria, retrocesos en las grandes superficies durante tres meses consecutivos: un conjunto de indicadores clave de la llamada economía real ya anuncian la desaceleración en la que va a incurrir la economía española, que, de momento, resiste al clima de atonía europea pero que no se salvará de registrar un menor crecimiento en los próximos trimestres, como vienen anunciando los expertos y observatorios. De hecho, el consenso de Funcas prevé una ralentización de cuatro décimas en el PIB este año, del 2,6% con que cerró 2018, al 2,2% este año y al 1,9% el próximo. Del mismo modo, la Comisión Europea, el Banco de España y el propio Gobierno recogen en sus proyecciones un menor crecimiento que se irá materializando gradualmente.

“La economía española está agotando progresivamente su capacidad de crecimiento”, indica el economista jefe del think tank Civismo, Javier Santacruz. “Desde que entró en la fase de desaceleración, hemos visto la debilidad primero de la inversión y ahora en los indicadores de demanda de consumo”, puntualiza.

Eso sí, esa pérdida de pulso no va a ser continua. A juicio de Santacruz, en los próximos meses se podrá producir alguna leve mejoría por efecto estacional (verano) y a partir del tercer trimestre será cuando se produzca un empeoramiento más acusado.

En este sentido advertía también la CEOE a cierre de marzo: su equipo de análisis económico atisba un perfil de desaceleración del PIB más intenso de lo previsto, lo que ha llevado a la patronal a revisar a la baja una décima la previsión de este año, hasta el 2,1%.

Los malos augurios contrastan con el buen desempeño de la economía española en plena desaceleración de sus socios europeos. Así lo constata el índice PMI manufacturero publicado este lunes, en el que nuestro país anotó en marzo 50,9 puntos menos (el indicador por encima de 50 avanza futuro crecimiento del PIB y por debajo contracción). Supone un registro mejor que el de China (50,5) Francia (49,7), Italia (47,4) y Alemania (44,1).

La razón de esta resiliencia de la economía española, según el economista Daniel Lacalle, es que empíricamente España suele entrar en las crisis más tarde que sus vecinos, lo que conlleva que también se recupere después. Por otra parte, a juicio de Lacalle, nuestro país está resistiendo porque se está dopando la economía con consumo público, algo que demora pero no impide el futuro ingreso en el clima de desaceleración apuntado.

El argumento concuerda con los últimos datos del Banco de España, que han revisado al alza la previsión de consumo público para este año y el que viene en dos y una décimas respectivamente.

Fuerte pinchazo en Europa

Pero España no será finalmente inmune al debilitamiento europeo. Máxime con un pinchazo como el que se conoció este lunes: el sector industrial europeo profundiza su crisis al registrar el PMI de la zona euro en marzo el mayor descenso en seis años. La revisión del índice apunta a un mayor declive de la actividad del que se esperaba encendiendo las alarmas sobre una posible crisis en el sector que termine afectando a toda la economía. Las fábricas en Alemania han empezado a destruir empleo por primera vez en tres años y dejar de renovar los contratos temporales.

La crisis industrial en Alemania, provocada por la ralentización global y la guerra comercial, está arrastrando a toda Europa. El PMI manufacturero de marzo en la zona euro registró un descenso desde los 49,3 puntos registrados en febrero a 47,5 puntos. Por segundo mes consecutivo el índice se sitúa por debajo de 50, que indica contracción.

Alemania ha estado en el punto de mira de una depresión industrial global alimentada por la incertidumbre comercial y el debilitamiento de la demanda, pero además agudizada por la crisis particular que vive el sector del automóvil que atraviesa una transformación. Alemania es el país más exportador del mundo, el comercio representa el 86% de su PIB y los automóviles son unas de la pieza clave. Anualmente, Alemania vende más de 200.000 millones en exportaciones del sector del automóvil.

Al frenazo de la demanda mundial hay que sumarle la cruzada contra el diésel, señalada por el instituto Ifo como un factor determinante del declive alemán. Varios gigantes automovilísticos germanos como BMW o Volkswagen se han visto obligados a detener la producción de algunos de sus modelos debido a la nueva homologación de consumos de combustibles.

Efecto contagio

Y una redimensión del sector automovilístico antes o después, explica Santacruz, tendrá efecto en España, líder en fabricación de componentes con Alemania como destinatario. Además, otras potencias europeas ya están acusando la debilidad económica, como es el caso de Francia, cuya industria también se contrajo más de lo esperado, de 51,5 puntos a 49,7 puntos. De hecho, muy pocas economías del Viejo Continente se han escapado del entorno recesivo de la industria, básicamente España y Grecia.


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