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may
Diario de Navarra

“Se nos ha vendido el proyecto europeo, pero el intervencionismo viene incluido dentro, como ese regalo en la caja de cereales que nadie ha pedido”. Con este símil, el economista y divulgador Daniel Lacalle advirtió ayer en una conferencia en el Colegio Mayor Larraona frente al “riesgo” que supone para la economía el intento de un excesivo control político sobre la misma.

Lacalle, conocido por su ideología liberal-conservadora, eligió por título de su conferenci:a “La gran trampa. Cómo los intervencionistas destruyen lo que fingen proteger”. El evento estuvo organizado por el Think Tank Civismo y el mediático gestor de fondos explicó la paradoja de “cómo regular en exceso los sectores económicos bajo el pretexto de apoyarlos acaba por arruinarlos”. Aseguró que cuando los políticos “abusan” de su capacidad para legislar, “terminan lastrando la libre iniciativa de los ciudadanos y frenando la capacidad de la sociedad para generar riqueza y empleo”.

UE: Riesgo de mayor control

Lacalle, que reside en Londres, aseguró sentirse apenado por el ‘Brexit’ ya que el Reino Unido “introducía en la Unión Europea un factor de libertad económica, apertura, que balanceaba y equilibraba el dirigismo franco-alemán respecto otros países europeos de visión más liberal” . Advirtió, por ello, de que el riesgo de que Europa adopte medidas más intervencionistas es importante. “Creo que muchos políticos han visto que es una gran oportunidad para avanzar en este sentido”, afirmó.

Recordó que el proyecto europeo político es algo “que no necesariamente tiene que suponer más burocracia, más control dirigista”, aunque “desafortunadamente” la UE genera una enorme cantidad de normas y directivas constantes “que no están orientadas a hacer del comercio y de la actividad económica, ni de la vida de los ciudadanos, algo más fácil, sino algo más controlado”.

Añadió que las políticas intervencionistas se están plasmando hoy en una política energética “que lleva a ignorar el riesgo de que los costes energéticos se disparen por una obsesión polí- tica de quiénes deben ser los ganadores y quiénes los perdedores, obviando todo lo que tiene que ver con competitividadad y aunque de este modo pierda el consumidor y pierda la industria”. También denostó el intervencionismo en la política tecnológica “y la obsesión de subvencionar los sectores de baja productividad y penalizar a los de alta productividad”.