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mar
Republica.com

Si uno quisiera unirse al coro de los que cantan la inoperancia de las Naciones Unidas podría muy bien examinar el caso de Israel y Palestina. A fines de los años cuarenta, al poco de su creación, la organización internacional aprobó una resolución decretando el nacimiento de dos Estados: Israel y Palestina.

Han transcurrido sesenta y cinco años, es decir casi tres generaciones, y el Estado judío existe y el palestino no. Parte de la culpa hay que ponerla en los hombros de los árabes. No aceptaron el nacimiento de Israel, que fue invadido por los vecinos a las pocas horas de su creación y durante un cierto tiempo proclamaron que nunca lo reconocerían.

Esos tiempos pasaron y hace ya décadas que es la ONU la que sestea principalmente por la actitud de Estados Unidos, y por el increíble poder que da el veto a las cinco naciones que lo poseen en Naciones Unidas. A lo largo de la historia Estados Unidos lo ha ejercido unas 40 veces para evitar que Israel fuera condenado en ocasiones en que la inmensa mayoría de la comunidad internacional estaba dispuesta a hacerlo.

La existencia del veto es, como vemos, algo injusto y poco democrático, Rusia también lo utilizó recientemente con motivo de su injerencia en Ucrania, pero existe. Hay que contar con él.

El israelí Netanyahu viene complicando las cosas y poniéndoselas muy difícil a Obama. En círculos de la Casa Blanca se susurra que los dos políticos se detestan. El americano, con todo, está tan trabado como lo han estado algunos de sus predecesores. En el Congreso de su país poseen mayoría los republicanos que le dejan escaso margen de maniobra a la hora de poner firme a Netanyahu. El israelí viene poniendo escandalosas zancadillas al proceso de paz, implantando barrios judíos en territorio que pertenece al futuro estado palestino, y recientemente los legisladores estadounidenses tuvieron el tupé de invitarlo a una sesión conjunta de las cámaras en la que Netanyahu intentó fogosamente abortar las negociaciones de Estados Unidos con Irán.

Recientemente, Netanyahu cabalgó de nuevo: dijo que si él ganaba los palestinos no tendrían ningún Estado y, para alentar a su electorado, pidió que sus simpatizantes acudieran a las urnas porque los árabes de Israel estaban “votando en manadas”. Ganadas las elecciones se ha disculpado por ambas afirmaciones; nadie, con todo, se engaña sobre cuáles son las intenciones de Netanyahu, si dependiera sólo de él los palestinos nunca contarían con una nación.

La pelota está de nuevo en el tejado de la ONU y de Washington, con Europa una vez más de actor secundario aunque alguien se haya ya movido en la foto, Suecia reconoció a Palestina como estado hace escasas semanas.
Crece la convicción que no se puede pedir más paciencia a los palestinos que en estos momentos rumian llevar a Israel al tribunal de La Haya denunciándolo por hechos cometidos como “potencia ocupante” y asimismo presentar a través de cualquier estado amigo una nueva resolución en el Consejo de Seguridad de la ONU que establezca claramente que dentro de dos, tres o cuatro años habrá un Estado palestino. Varios países, entre otros nosotros que somos miembros del Consejo de Seguridad, tendrían que mojarse.

135 de los 193 miembros de la ONU reconocen al Estado palestino, la mayor parte de los europeos, no. ¿No ha llegado el momento de que se implemente lo que se aprobó hace casi tres generaciones? ¿Cuál será la postura de Obama?


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