20
jun
El Economista

En clave doméstica, las repercusiones del Brexit se reflejarán especialmente en la estrecha conexión comercial entre las economías británica y española, en un contexto donde los países afectados se preparan ante la posibilidad de que un no británico a Europa abra un escenario desconocido. Si en algo coinciden los analistas es en que romper el proyecto comunitario no tiene sentido desde un punto de vista económico. En el caso de España, el efecto negativo equivaldría a unas dos décimas en al avance del Producto Interior Bruto de España y amenaza con un desplome de los flujos comerciales, con el turismo como primera víctima, seguido del sector inmobiliario.

Para muestra, algunas cifras: la relación comercial con el Reino Unido supone cerca de 55.000 millones de euros y más de 700 empresas con capital británico se han instalado en suelo español (más de 300 empresas españolas, a su vez, tiene sede en las Islas Británicas). Cada año visitan España 15 millones de turistas ingleses, cifra que representa más del 20 por ciento del gasto turístico total en el periodo. A los visitantes hay que sumar unos 300.000 residentes de ciudadanía británica. Esta cifra no incluye a aquellos que pasan largas temporadas del año en España y que hacen uso de los servicios sociales. Por otro lado, el Reino Unido es el principal destino para los emigrantes españoles, mayormente jóvenes en busca de oportunidades laborales.

Menos gasto en ocio

Es previsible que una libra devaluada encarezca los planes vacacionales de estos visitantes y que, tanto residentes como turistas, verán mermado su poder adquisitivo y por tanto su gasto en ocio. En caso de ruptura con la UE, la depreciación de la libra esterlina de entre un 10 y un 20 por ciento es “altamente probable y de duración indeterminada”, como alerta el economista del Institute of Economic Affairs de Londres y analista del think tank Civismo, Diego Zuluaga.

Respecto al sector inmobiliario, hay que tener en cuenta que muchos británicos adquieren inmuebles en suelo español, pero la salida de Reino Unido del proyecto comunitario puede paralizar esas inversiones. “Algunos de los que estu- vieran pensando en adquirir una vivienda en nuestro país pospondrán su compra o la cancelarán”, explica Zuluaga. Aunque es difícil cuantificar esta última cifra, la ralentización del mercado de la vivienda se dejará notar, especialmente en las zonas de fuerte demanda británica (Levante, Costa del Sol, Baleares y Canarias).

En general, como explica Javier Santacruz, economista socio de China Capital y profesor del IEB, los sectores procíclicos son los que se verán más afectados, sin olvidar los efectos de contracción de las empresas que, más allá de afectar a las cuentas del negocio, tienen su evidente reflejo en una ralentización de la actividad económica, señala Santacruz.

Desde el punto de vista de las exportaciones, las consecuencias para España del Brexit pueden venir de una disminución en la relación bilateral de comercio exterior, muy favorable a España, pues exportamos aproximadamente un 50 por ciento más de lo que importamos. Un enfriamiento de las exportaciones por dificultades monetarias y económicas en Gran Bretaña puede afectar a algunos sectores, como el del automóvil, maquinaria y agroalimentario, aunque no de forma tangencial, tal y como señala el profesor de Banca y Finanzas, Juan Fernando Robles.

Si atendemos a la inversión directa extranjera española (IDE), también se esperan daños colaterales, ya que el Reino Unido es el principal destino, representando el 14 por ciento del total de las salidas. Así lo recoje en su análisis sobre el Brexit Nick Greenwood, responsable del área de análisis para inversores internacionales en Analistas Financieros Internacionales (Afi). Las inversiones españolas se centran específicamente en los sectores financiero, de telecomunicaciones y de suministro energético. Por su parte, el Reino Unido es el quinto mayor inversor en España, donde tiene importante presencia en los sectores de telecomunicaciones y tabaco.