27
may
Actualidad Económica

El motor de cualquier sociedad se halla en manos de la clase media, tan a menudo olvidada por la clase política. En los últimos años, parece que hemos llegado a un punto de inflexión, marcado por el insostenible deterioro del nivel de vida de este segmento de la población, como señala el reciente informe de la OCDE Bajo presión: la clase media exprimida. El citado estudio recoge que el nivel de vida de la clase media (cuyas rentas oscilan entre el 75% y el 200% del sueldo medio de cada país) se ha estancado en la OCDE durante las últimas tres décadas, convirtiéndose en el sector de la sociedad más vulnerable a coyunturas económicas adversas.

Así, el aumento mediano de los ingresos de este colectivo ha sido del 1% entre 1985 y 1995, con una importante subida en la década siguiente (1,6%). En el último decenio, sin embargo, este crecimiento se redujo considerablemente, hasta un 0,3%, entre otros motivos por la fortísima crisis de 2008. Esto explica, en gran medida, que algunos de los países cuyas clases medias vieron sus rentas más mermadas fueran, precisamente, aquellos más golpeados por la recesión. Es de señalar el caso de Grecia, en la que los ingresos medianos de la clase media han disminuido un 5,7% en los últimos 10 años, o España, donde el descenso ha sido del 1,7%. No obstante, no se aprecia una correlación entre el incremento del PIB y el de los ingresos de las clases medias. Así, estos se redujeron en México o Japón el 2,1% y el 0,9%, respectivamente, mientras que su PIB creció el 28,4% y el 35,6% en el mismo periodo.

La clase media mundial está en apuros... y empeorando
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Además de contar con un menor nivel adquisitivo, la clase media de la OCDE ha menguado, pasando de representar el 64% de la población (a mediados de los 80) al 61% actual. En España ha decrecido aún más (del 59% al 55%). A la cabeza de los países cuya clase media es en proporción mayor se encuentran Islandia y la República Checa, donde esta supera el 71%. En el extremo opuesto se hallan India, México, Chile y China, donde oscila entre el 40% y 48%. No obstante, resulta revelador el crecimiento de los ingresos medios de la clase media de estos dos últimos, de un 4,5% y un 4,9%, respectivamente. En China, además, este sector de la sociedad aumenta sin pausa y ya supera el 48%, concentrando la mitad de la clase media mundial, como indica la más reciente edición del Credit Suisse Global Wealth Report.

No está de más destacar que, de los tres puntos porcentuales que ha perdido este colectivo, uno se debe al aumento de las rentas altas. Sin embargo, hay que tener en cuenta que los políticos populistas, con objeto de recaudar más, incrementan los tipos del IRPF para considerar clase alta a lo que siempre había sido media. Nos dicen que así se favorece la igualdad, pero es falso. Lo que realmente se logra es desincentivar la generación de riqueza, lo que disminuye la tarta a repartir y empeora la situación de los más desfavorecidos. La calidad del bienestar de un país lo mide el porcentaje de su clase media, por lo que depauperarla es una pésima idea; y la imposición del igualitarismo por motivos electoralistas, una erosión de la
libertad.


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