06
jun
Diario de Navarra

Ignacio Ruiz-Jarabo Colomer no responde a la imagen de un hermético inspector de Hacienda, pese a que esta ha sido la ocupación que ha desempeñado durante décadas. No se corta. No lo hizo cuando narró en un libro las situaciones que se vivían entre bastidores en la Agencia Tributaria, donde abordó desde el modo de afrontar el pago de impuestos de empresarios como Ruiz Mateos y presidentes de clubes de fútbol como Manuel Ruiz de Lopera, a las acusaciones de exceso de poder que hizo a algunos de sus compañeros inspectores, a los que no dudó en llamar “los nuevos corsarios”. Ayer, invitado por el Think Tank Civismo, ofreció una conferencia en Pamplona en la que fue introducido por su presidente, Julio Pomés, y en la que abordó la realidad de reforma fiscal navarra. Antes, el que fuera director de la Agencia Estatal tributaria y de la Sociedad Estatal de Promoción Industrial (SEPI) concedió esta entrevista.

Los navarros no estaban acostumbrados a pagar más impuestos que sus vecinos. ¿Qué lectura hace de la situación fiscal?

Sorprende mucho ver cómo en Navarra se ha revertido la situación. Cómo de practicar una política tributaria inteligente, moderada, y que resultaba atractiva para la inversión, el trabajo y el esfuerzo, ha dado un giro brusco por el que se grava el esfuerzo, el trabajo y el beneficio. De modo poco inteligente, en mi opinión, se exige más a los navarros que a los vecinos de las comunidades colindantes. Por la regla de la competencia, se está expulsando la actividad económica hacia otros lugares. Es algo que sorprende negativamente.

¿En qué resultados basa estas afirmaciones?

Yo me he fijado en un dato, un tema, que para mí es muy significativo. Si hay un impuesto que es un auténtico termómetro de la actividad económica, porque es muy sensible al consumo y es muy inmediato, este es el IVA. Cuando el Gobierno de Navarra ha subido todos los impuestos que podía subir (IRPF, Patrimonio, Sociedades) ¿qué ha pasado con la actividad económica? El IVA, es decir, el consumo, la actividad económica ha subido más o menos un 0,2% en 2016. Sin embargo, en el conjunto de España, donde los impuestos bajaron de una forma moderada en 2016, la recaudación por IVA creció un 4,2%. Es decir, el consumo ha crecido 21 veces más en España que en Navarra. Este frenazo en Navarra evidencia un gran error. Se vaticinaba una emigración de empresas y cambio de domicilios fiscales.

¿Realmente un incremento de la presión fiscal influye en esas decisiones?

La salida de empresas no es tan sencilla porque tiene sus reglas de residencia y esta no es fácil de cambiar. Más que en las salidas, influye en las empresas que no van a llegar. Por ejemplo, si yo estuviera pensando en montar un call center para hacer publicidad, en 2014 hubiera venido a Navarra. Hoy, en 2017, no lo haría. Venir hoy a Navarra me va a costar más porque mis trabajadores van a tener más cargas fiscales, me va a costar también más el Impuesto de Sociedades… Hoy me instalaría en la Rioja o Guipúzcoa. Si no cambia la política fiscal en un medio plazo el efecto puede ser tremendo. Ni el restaurante de la esquina ni el trabajador de la Volkswagen se van a cambiar de domicilio fiscal.

¿Qué le queda al sufrido contribuyente sino pagar?

El contribuyente debe levantar la bandera de sus derechos. Exigir y litigar todo lo que sea imprescindible para que no haya abuso en la práctica de las normas. La sociedad civil debe reaccionar, si no, vas a un Estado que parasita los recursos de los contribuyentes. Cada euro que se paga de más es un ataque a la libertad, un mordisco a la eficiencia económica y un ataque a la seguridad jurídica. Creo que la sociedad civil navarra será capaz de revertir la situación absurda en la que está.

El Gobierno de Navarra también cree que el Estado le hace pagar más de lo que debe en el Convenio. Toca negociar, ¿lo va a tener Navarra más complicado que el PNV con el Concierto?

La negociación del Convenio, como pasa con el Concierto, siempre es difícil, salvo que sean necesarios tus votos para aprobar la Ley de Presupuestos como le ha ocurrido ahora al PNV (ríe). Pero al final siempre se resuelve, se consigue un acuerdo, porque ninguna de las partes quiere que desaparezca la institución del Convenio. En la medida que cualquiera de las partes sea más radical en sus reclamaciones y más irracional en sus planteamientos costará más conseguirlo.

Al frente de la Agencia Tributaria usted abogó por los acuerdos con clubes de fútbol y de baloncesto para que estos pagaran sus deudas. La Hacienda Foral, tras años de ponerse la venda ante la deuda de Osasuna, ha optado por la denuncia fiscal. ¿Es lo más razonable?

El caso de Osasuna no lo conozco en profundidad. El problema de los clubes es disciplinarles en el pago de impuestos. Ellos actúan en un mercado muy competitivo y tienen una presión muy grande por la inversión en su plantilla y eso les lleva muchas veces a retrasar el pago de impuestos. Disciplinar a un club es complejo, porque afecta también a temas emotivos y sentimentales para una sociedad. Por otra parte, instar un concurso de acreedores no garantiza que vayas a cobrar tu deuda. Lo razonable es llegar a un acuerdo. Así lo hice en la Agencia Tributaria con clubes de fútbol y baloncesto y dio resultado. Si combinas exigencia con facilidad, el tema acaba funcionando.