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Navarra en libertad: Cómo vive un no nacionalista donde manda el nacionalismo

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 Sala de Cámara del Baluarte (pza. Baluarte s/n, Pamplona) 06/05/2019 19:00h

Dentro del ciclo de conferencias “Navarra en libertad”, el director de cine Iñaki Arteta y el periodista y co-fundador de Tabarnia Jaume Vives hablaron sobre cómo el nacionalismo excluyente acaba por dificultar seriamente la convivencia en democracia.

En primer lugar, tomó la palabra Arteta, quien se centró en el caso del nacionalismo vasco, dado que, según rememoró, toda su vida ha estado rodeado de noticias relacionadas con el terrorismo de ETA, situación que le llevó a hacer sus películas. “Al nacionalismo le sentó muy mal que alguien rodara una película con testimonios de las víctimas; si eres sensible con ellas, enseguida te conviertes en sospechoso de no nacionalista”, apuntó, para remarcar que, a través del cine, “se puede influir, aunque no arregles el mundo”. Precisamente, aspira a que sus cintas sean “perdurables” para que “las próximas generaciones puedan entender, y que quede claro que no se puede matar a un semejante por una cuestión ideológica, que los que quieren dominar a otros hasta el punto de eliminarlos no tienen cabida en la sociedad”.

El cineasta señaló que, aunque hayan cesado los asesinatos, en comparación de los cuales “la muerte civil es calderilla”, sigue pendiente el “sectarismo” que ejerce el nacionalismo, “que en Navarra estáis conociendo y que puede ir a peor”, apostilló. Así, aseveró que el no nacionalista “tiene que pagar peajes severos en términos de falta de libertad y de aspiraciones en lo profesional y lo social, porque te conviertes en poco menos que invisible”. En ese sentido, añadió que la sociedad “se va amoldando a esa condescendencia con el nacionalismo para no sufrir las consecuencias de un régimen sectario y supremacista”.

Pese a ese precio que entraña ser disidente y alzar la voz, Arteta reivindicó que “siempre se puede hablar, aunque sea más difícil en unas circunstancias que en otras”, y volvió a traer a colación el contexto del terrorismo, al que calificó de “laboratorio moral y cívico en el que se demuestra quién defiende la libertad y la vida”.

Por su parte, Vives abordó el caso de Cataluña, si bien se refirió al nacionalismo en general como una ideología de “odio”, a la que opuso como mejor antídoto “el patriotismo, entendido como amor a lo propio, frente al desprecio a lo ajeno”. Indicó que implica violencia física, psicológica, institucional, moral y mediática, ya que “los que deberían gobernar para todos lo hacen sólo para unos pocos, y los demás no existen”.

Una ideología que, a su juicio, hace fortuna porque “resulta muy rentable crear enemigos imaginarios, dado que los que son de los tuyos te lo van a perdonar todo, al tener un enemigo común”. En esta línea, el periodista afirmó que el nacionalismo es “profundamente enemigo de la realidad, como cualquier ideología: le han dado una gran patada a la historia, y nos han vendido la mentira económica de que vivimos oprimidos y de que nos roban”. Un discurso que, asegura, han comprado parte de los ciudadanos, lo que ha desembocado en que haya terminado por haber “dos pueblos enfrentados, porque nos han enfrentado”.

Vives aseguró que la manifestación del 8 de octubre de 2017 sirvió para que la parte del pueblo no nacionalista se diera cuenta de que no se trataban de una minoría y de que “igual, los autoritarios eran ellos”.

“Los nacionalistas nos sacaron del armario, nos obligaron a salir a la calle, por el descaro de tantos años de despotismo”, resumió, para concluir que “hay que hacer la guerra sin cuartel a las ideas, pero no perder el respeto a las personas”. Una forma de conseguir “la paz social”, cuyo requisito indispensable pasa por “saber perdonar, pero también que el otro pida perdón”.


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