08
abr
Actualidad Económica

El 29 de marzo, en uno de sus viernes sociales, la Moncloa aprobó la mayor oferta pública de empleo desde 2003, con un total de 33.793 plazas. Hay que habilitar puestos de trabajo, pero no públicos, ya que agravarán la deuda y el déficit, sino privados, para lo que es clave fomentar la empleabilidad. En rankings anteriores se han tratado algunas de las deficiencias de nuestro mercado laboral, como la sobrecualificación, en la que nuestro país encabeza la clasificación europea.

Sin embargo, el problema continúa siendo mucho más básico: la incapacidad de España de generar empleo. Ni se crea el suficiente, ni lo bastante rápido. De hecho, el cualificarse en exceso es, entre otras, la respuesta del demandante de empleo ante un mercado saturado. Este se ve empujado a prolongar los estudios para obtener el título que lo haga sobresalir entre sus competidores.

Pero muchas veces lo más relevante para colocarse no es la cantidad de diplomas que se acumulan, sino escoger la preparación que tiene la demanda por cubrir.

España adolece de un mercado de trabajo ineficiente, no saturado
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Como señala Eurostat, en España solo quedan desiertas el 0,9% de las ofertas de trabajo, lo que nos sitúa en la penúltima posición de la Unión Europea, junto a Bulgaria, Irlanda y Portugal, y por delante únicamente de Grecia (0,4%). En el extremo opuesto de la tabla se encuentran la República Checa (6%) y el grupo formado por Bélgica, Alemania y Austria, que oscilan entre el 3,1% y el 3,4%, mucho más cerca de la media de la UE (2,3%).

Si comparamos estas cifras con las de desempleo, se aprecia que hay dos grandes bloques, dispuestos a lo largo de lo que se conoce como la curva de Beveridge. En uno se hallan la República Checa, Alemania, el Reino Unido y los Países Bajos, con bajo paro y alto porcentaje de vacantes. En sentido opuesto se encuentran otros, como Grecia o España, cuya tasa de paro es elevada y la de vacantes, reducida. Esto indica que sus mercados laborales resultan menos eficientes para adecuar la oferta de empleo a la demanda.

No obstante, es de señalar que, en el último año, se ha producido una tendencia positiva. En la UE, los puestos libres han aumentado un 15% en el periodo 2017-2018, mientras que el desempleo ha disminuido un 9%. La perspectiva es especialmente prometedora en algunos de los países más deprimidos durante la crisis de 2008. Grecia, por ejemplo, ha reducido su paro en un 13%, y ha triplicado el porcentaje de vacantes.

España, por su parte, es uno de los países donde estas más se han incrementado (29%). En otras palabras, la contracción de desempleados va acompañada de un crecimiento de los puestos sin ocupar, lo que se asemeja más a la correlación de la curva de Beveridge. Esto se debe a una mayor eficiencia en los mercados de trabajo.

No obstante, no hemos de olvidar cómo hemos llegado a este punto: no ha sido a través de las recetas socialdemócratas, que condujeron a la situación anterior, en la que una fuerza laboral inmóvil producía desajustes entre los que buscan empleo y los puestos de trabajo disponibles. Solo a través de la flexibilización y la liberalización de los mercados se alcanzará un encaje óptimo.


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