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abr
Expansión

Al margen de haber inventado el curioso término “nueva normalidad”, no parece que la esperada rueda de prensa de Pedro Sánchez de ayer haya aportado grandes cosas que puedan disipar la enorme incertidumbre en la que nos movemos desde hace un mes y medio.

El presidente ha diseñado un modelo de varias fases para volver a poner en marcha un país paralizado, que se enfrenta a problemas económicos muy graves. Pero me temo que un buen número de españoles echamos de menos algunas cosas en esta comparecencia.

La primera, que sigue sin haber ese mínimo de autocrítica que muchos esperábamos. Decir que la forma en la que este gobierno ha gestionado la crisis ha sido mala sería pecar de optimista. En no pocos casos nos ha ocultado la verdad. Pero incluso, cuando no lo han hecho y han actuado de buena fe, hemos tenido la impresión de que ni siquiera los ministros sabían de qué estaban hablando. No quiero meter el dedo en la llaga, pero el último espectáculo de los tests de coronavirus y la OCDE sólo puede calificarse de bochornoso.

Y más importante aún es el hecho de que se nos ha presentado un plan muy vago, con plazos variables, que dice muy poco sobre cuáles pueden ser los efectos de estas medidas sobre la recuperación de la actividad económica.

Creo que los españoles tenemos derecho, por lo menos, a saber cómo ve el gobierno la evolución del paro y las cuentas del sector público. Con las últimas cifras de desempleo y muchos miles de trabajadores en expedientes temporales de regulación de empleo, las perspectivas son muy preocupantes. ¿Qué números maneja el Gobierno? No pretendo que me presenten un gran cuadro macroeconómicos, pero sí que me den respuesta a algunas cuestiones concretas. Por ejemplo, ¿cuál es la estimación del gobierno del coste de los ERTE en distintos escenarios, en función de lo que tarde en llegar la nueva normalidad? ¿Cuáles son las perspectivas de ingresos y gastos de las Administraciones Públicas para los próximo meses? Si tenemos que pedir ayuda a Europa, lo que parece inevitable dada la situación en la que nos encontramos, ¿cómo se piensa utilizar los fondos que se obtengan? Muchas instituciones y centros de estudios económicos, dentro y fuera de España, están intentando cuantificar los efectos de la crisis en determinados sectores productivos y sobre la evolución previsible del PIB en diversos escenarios. ¿Tiene el gobierno alguna opinión sobre estos cálculos?

Y esta lista de cuestiones no es, desde luego, exhaustiva. Pues bien, si Sánchez tiene alguna idea sobre ellas, prefiere ciertamente la opacidad a la transparencia. Lo que sí ha dicho claramente es que, en su opinión, la lección que tenemos que sacar de esta pandemia es que tenemos que reforzar nuestro estado del bienestar. Creo, sin embargo, que la lección que de esta crisis sacaría un observador imparcial es el fracaso de la gestión del Estado. Seamos sinceros: el Estado español ha centralizado la gestión, sin duda con buena intención y con la idea de elevar la eficacia de las políticas sanitarias y económicas que la pandemia exigía; pero lo ha hecho mal.

Sabemos que, en un momento clave, como fue la primera semana de marzo, se ocultó información a la gente y se realizaron manifestaciones y actos irresponsables que sólo el gobierno podía haber evitado por ser éste quien disponía de los datos de lo que estaba pasando en otros países y, previsiblemente, iba a ocurrir en España.

Las comunidades autónomas han demostrado ser, en muchos casos, más diligentes que la administración central, dentro de sus competencias. Y si algo hay que lamentar es que no se acudiera desde el primer momento al sector privado para obtener las mascarillas y el equipo médico extraordinario que requirió el rápido agravamiento de la epidemia.

Por ello es muy preocupante una frase del presidente cuando afirma que probablemente tendremos que realizar una reforma de la Constitución para blindar la protección de nuestro sistema de salud. ¿Qué quiere decir señor Sánchez? ¿Va a hacer caso a uno de sus vicepresidentes que propuso hace no muchos días nacionalizar los hospitales privados? También a esto nos gustaría que contestara. No cabe duda de que el papel de un gobierno nunca es fácil en una situación como ésta. Y de que el presidente tiene derecho a pedir la colaboración del conjunto de la sociedad española en estos momentos. Y lo cierto es que, hasta ahora, la ha obtenido. Pero no basta con esto. La sociedad española necesita reducir su incertidumbre y confiar en su gobierno. Y me temo que tal cosa resulta cada vez más difícil.


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