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jul
Expansión

Pensaba Goethe que el viejo mundo terminó en Europa con Voltaire. Tenía razón. El gran escritor francés representa el final de esa larga época de la historia que conocemos como el Antiguo Régimen, en el que la aristocracia hereditaria y la iglesia controlaban la sociedad y en el que el papel que una persona desempeñaba en ella dependía más de su nacimiento y sus orígenes familiares que de sus propios méritos. Voltaire anticipó, en muchos sentidos, el paso de las estructuras tradicionales al mundo nuevo que se abriría en los años de tránsito del siglo XVIII al XIX. Pero fue, sin embargo, un hombre de su época. Fue un rebelde, sin duda; pero supo aprovecharse del mundo en el que vivió, que no sólo le permitió conseguir la fama como literato, sino también codearse con reyes y grandes personajes de su época y -lo que era muy importante para él, enriquecerse.

Francois Marie Arouet, conocido por su seudónimo Voltaire, nació en París el año 1694. Recibió una educación refinada y pronto destacó como escritor brillante e irónico, sin duda, demasiado para las normas de su tiempo. Esto le valió, entre otras cosas, alguna estancia como huésped en la prisión de La Bastilla y un exilio en Gran Bretaña que le resultó, por cierto, muy útil para darse cuenta de la superioridad de las instituciones políticas y económicas inglesas sobre las francesas. Voltaire defendió siempre la tolerancia y la libertad de expresión y dejó escritas páginas magníficas sobre estos temas. Por éstas y otras razones pasó la mayor parte de su vida fuera de París. Estuvo frecuentemente en Berlín como huésped de Federico el Grande, con quien mantuvo una relación muy cordial, al principio y tormentosa, más tarde. Pero sus dos residencias principales fuera de la capital de Francia fueron el castillo de madame de Chatelet, mujer casada con la que mantuvo una larga relación hasta el fallecimiento de ésta; y el castillo de Ferney, municipio situado en la misma frontera con Suiza, donde compró una espléndida propiedad en la que pasó los últimos veintidós años de su vida. En 1778 regresó a París donde fue recibido con entusiasmo; duró poco, ya que falleció el mes de mayo del mismo año.

Un error que se ha repetido muchas veces con respecto a nuestro personaje es que fue el primer escritor realmente profesional, que pudo vivir de lo que ganaba con sus obras. Esto, sin embargo, no es cierto; entre otras cosas porque Voltaire vivió muy bien toda su vida y murió muy rico, cosa que dificilmente habría podido conseguir con sus derechos de autor. ¿Cómo logró, entonces, ganar dinero? Pues de la forma que era habitual en la Francia del Antiguo Régimen: teniendo buenas relaciones sociales y haciendo negocios con el Estado. Una de sus operaciones más rentables fue un contrato de suministros con el ejército francés. Y, cuando vivió en Inglaterra, aprendió cómo ganar dinero con el comercio. Intervino en contratos de fletes y prestó dinero con interés. Y a los cuarenta años ya era millonario. Voltaire fue un intelectual que defendió muchos de los principios que considerarnos fundamentales en una sociedad libre; y fue también uno de los mejores escritores de la lengua francesa. Es cierto que su teatro -que tanto éxito tuvo en su día- ha envejecido mal y hoy nos parece pesado y ampuloso. Pero sus cuentos y muchos de sus ensayos son obras extraordinarias, que realmente contribuyeron a cambiar nuestra forma de entender la sociedad. 


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