17
may
Vocento

Todo político lleva en su genoma el afán de rentabilizar la gestión de una
crisis ante los ciudadanos, lo que le impulsa a maquillar la presentación de los resultados reales obtenidos. Generalmente, el uso interesado de la estadística se trata de la mejor herramienta para aparentar que sus decisiones han sido las oportunas y lo conseguido, inmejorable. Así, en dos meses de pandemia, se ha cambiado seis veces el sistema de cómputo de defunciones por coronavirus. El último tan solo clasifica como fallecidos por el COVID19 a quienes han dado positivo en el test de detección PCR, inscripción que, por el momento, no ha requerido levantar un acta ante notario.

Como el sistema sanitario español ha estado desprovisto de estas pruebas, ha habido millares de pacientes que, a juicio del médico, tenían los síntomas de la enfermedad, pero a los que no se les ha podido asignar
la categoría de muerto por la pandemia. Nuestros políticos podrán camuflar muchas variables negativas, como la causa de un deceso, pero nunca el número total de estos. Si la cantidad de óbitos supera los estimados a partir de la serie histórica de la última década, reviste toda la lógica atribuir ese exceso de difuntos a un motivo que antes no existía: el coronavirus.

Fuente: Vocento

Los ancianos que vivían en residencias o se hallaban en sus domicilios, por no poder ser atendidos en unos hospitales colapsados, constituyen el grupo más numeroso de personas cuyas defunciones debieran haberse imputado a esta enfermedad, por lo que hoy nos centraremos en los fallecidos con 65 años o más. Así, Madrid registra en este periodo un 195,5% más de estos fallecidos en comparación con los años anteriores. Le siguen Castilla-La Mancha (183,3%) y Navarra (148,0%), dato que sorprende, pues la Comunidad foral es la segunda que más invierte en salud. La cuarta posición la ocupa Castilla y León (122,6%); la quinta, La Rioja (85,0%), y la
sexta, Extremadura (83,9%). En el extremo contrario, con menos excesos de mortandad para ese colectivo, figuran Canarias (8,1%), Andalucía (19,4%) y
Murcia (19,9%), quizá porque han sido regiones en las que la pandemia ha atacado con menor crudeza, o en las que los sistemas sanitarios y el comportamiento de la gente han resultado mejores.

Si revisamos las defunciones por coronavirus, o con síntomas compatibles con la enfermedad, en residencias de la tercera edad, y calculamos el
porcentaje que suponen respecto al total de muertos oficiales de coronavirus, Castilla y León registra el valor más alto (130,9%). Le siguen Extremadura (85,9%) y Navarra (83,7%). En el otro lado se sitúan Canarias (11,4%), Valencia (37,6%), Andalucía (39,1%) y Baleares (39,2%). La conclusión más elemental apunta a que los lugares que gozan de mejor clima han salido mejor parados del COVID-19.


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