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jun
Expansión

Esta semana culminó la primavera más cálida en 50 años a nivel mundial. La oleada de calor es una señal más de los cambios climáticos que está experimentando nuestro planeta a lo largo de las últimas décadas. Desde hace años, en las naciones del norte se viene observando que las estaciones de verano y de invierno son más largas y pronunciadas, mientras que el otoño y la primavera se acortan. En el caso de las regiones tropicales, se produce un incremento de las precipitaciones y de las sequías extremas.

LO DICE EL MERCURIO

El calentamiento global se ha venido acelerando, con los consiguientes cambios climáticos extremos e inciertos. Se ha verificado un incremento en el número o en la intensidad de tornados, huracanes, tifones, los fenómenos de la Niña y el Niño, inundaciones… A la vez, se ha acentuado el derretimiento de los polos que produce un alto potencial de retroalimentación de aumento de la temperatura a nivel mundial: resulta imprevisible lo que podría desatar esta variación térmica. Por ejemplo, el rápido derretimiento de los glaciares es susceptible de abrir una caja de Pandora: la de las capas de hielo en las que se encuentran atrapadas, una serie de enfermedades para las que no tenemos tratamiento, tal como ocurrió con el Ántrax en Rusia en el año 2016.

Estos fenómenos han causado ya un gran número de muertos, desplazamientos de personas, enfermedades y daños en los ecosistemas, que, tan sólo en Europa entre 1980 y 2011, fueron valorados en más de 90.000 millones de euros. Y éstos no son sino pequeños costes en comparación a los que habrá que afrontar desde 2030 en adelante.

Otro aspecto asociado a los cambios climáticos globales se refiere a la pérdida de biodiversidad, que, según algunos pronósticos (pesimistas), se concretará en la extinción de una de cada seis especies de flora y fauna del planeta. Un gran ejemplo de ello son las abejas, que, en países como Alemania, están muriendo a una tasa muy acelerada. Esto está trayendo consecuencias sobre la polinización de las plantaciones antrópicas y de los bosques naturales. Es importante recalcar que el 75% del sector agrario a nivel mundial depende de esta polinización.

Los lugares más afectados de Europa serán los del sur y centro, con fuertes oleadas de calor que incrementarán las sequías y la aridez de los terrenos. Para muestra: la ola de calor que estamos padeciendo en España ha supuesto pérdidas en cereales del 70% y el 40% en Castilla y León y Castilla-La Mancha, y en leguminosas, del 70% y el 50% en Castilla León y en Madrid. Además, los españoles tendremos que pagar durante estos meses de calor 30 euros más por el aumento de gasto energético de nuestros hogares.

En infraestructuras, se espera que se pierdan más de 2 billones de euros en activos. Además de esto, es importante recordar el agotamiento de la fuente hídrica, el avance de los desiertos, y las pérdidas de territorios que se pueden sumergir (incluidos centros urbanos) por el aumento del nivel del mar.

Todo esto va a profundizar la brecha entre ricos y pobres, ya que los países que se verán más afectados son los que se encuentran en el hemisferio sur y en la zona ecuatorial. En África se propagarán hambrunas, y en Latinoamérica y Caribe se pronostica la pérdida del rendimiento de unos cultivos agrícolas con los que se abastece a gran parte del mundo.

EL TRATADO DE PARÍS

Todo esto es consecuencia de que, a lo largo del siglo XX, las naciones han enfocado sus políticas económicas más en el corto y medio plazo que en el largo, olvidando los efectos que éstas podrían tener en las generaciones futuras. Es importante recalcar que la sociedad ha dejado muchos problemas significativos de lado y se ha centrado en resolver aquellos coyunturales, de desempleo y de caída del Producto Interno Bruto, obviando los modelos sostenibles y equitativos para el planeta.

A pesar de esto, algunas corrientes de pensamiento comenzaron, desde los años 90, a otorgar relevancia a los temas de desigualdad y de medio ambiente, al observar el aceleramiento de los cambios ambientales globales. Esto condujo a que muchas naciones firmaran el acuerdo de Kioto con el fin de reducir las emisiones de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero. Sin embargo, EEUU no quiso ratificarlo, por lo que el mundo tuvo que esperar más de una década para que, en 2015, en la Conferencia de París, EEUU y China, productores del 40% del total de emisiones del planeta, aceptaran suscribirlo.

Este acuerdo tiene como objetivo que el aumento de la temperatura media del planeta de aquí a 2100 no supere los 2 grados Celsius y lograr así que este incremento sea sólo de 3,3 grados, y no de 4,2, según las predicciones realizadas con modelos matemáticos de la NASA y la Comisión Internacional para el cambio climático (ICC). Al respecto, vale referir que 2016 fue el año más cálido en el planeta, e igual ocurrió con la última década y media. A pesar de esto, no deja de sorprender que todavía existan personas que niegan la existencia de este fenómeno, bajo el único argumento de su propia ignorancia.

TRUMP IGNORA EL CAMBIO CLIMÁTICO

En las últimas semanas, Donald Trump firmó la salida de EEUU del Tratado de París, alegando que el calentamiento global no existe, y que dicho pacto supondría al país un gasto de 3.000 millones de dólares americanos. Actuando de espaldas a los estudios científicos, señaló que es necesario invertir en el sector de hidrocarburos y reabrir las minas de carbón de la nación, para poder incrementar el empleo, a pesar de que la tasa de paro se encuentra en su nivel natural.

De hecho, varias de las industrias y empresas del sector de los hidrocarburos, como Exxon Mobile, Shell y otros, coincidieron en que es deseable permanecer en tal acuerdo para seguir siendo competitivos, aprovechar la gran inversión que han realizado, eliminar las incertidumbres económicas y ambientales, seguir a la vanguardia en innovación energética y lograr un mundo sostenible.

De igual forma, desde otros ámbitos empresariales se defiende que, en la actualidad, las energías limpias generan mucho más empleo en EEUU, ya que sólo la solar mantiene a 374.000 trabajadores, frente a 160.000 de la industria carbonífera. En el mismo sentido, la agencia ambiental estadounidense pronosticó 80.000 nuevos empleos con el programa de Obama de energías limpias.

Es importante recalcar que todavía tenemos posibilidades de revertir, o incluso detener, los cambios climáticos que se avecinan. Pero, para ello, los gobiernos, empresas y ciudadanos tenemos que trabajar por la causa común de salvar este hermoso hogar que llamamos planeta Tierra. Los problemas medioambientales no son sólo una cuestión social, o de economía, sino también moral. Esto demanda una mayor sensibilidad respecto al consumo energético y de agua potable. Escribió Víctor Hugo: “produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no la escucha”. El discurso autista del presidente Trump no es sensible a la vulnerabilidad de nuestro planeta.


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