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oct

Aunque todo el mundo sabe lo que significa comprar algo en una subasta el análisis de este tipo de transacciones es muy complejo porque exige el conocimiento de algunas ramas de la teoría económica como los modelos de información asimétrica o la teoría de juegos que están fuera del debate habitual de la política económica. Si se pregunta a una persona de la calle por una subasta, seguramente pensará en la compraventa de obras de arte de alto precio que, de vez en cuando aparecen en los medios de comunicación.

O si vive en un pueblo de pescadores, habrá visto, sin duda, cómo se vende a los mayoristas el pescado que llega a puerto. Son operaciones bastante diferentes, pero que tienen puntos importantes en común. Paul Milgrom, uno de los galardonados este año con el Premio Nobel de Economía define en uno de sus artículos las subastas, de forma muy amplia, como aquellos procesos de mercado en los que compradores y vendedores fijan los precios mediante una comparación explícita de ofertas y pujas.

Pero la regulación de tales procesos de mercado puede ser muy diferente. Veamos nuestros ejemplos anteriores. Las subastas de cuadros suelen basarse en ofertas de compra de conocimiento público que se van incrementando hasta que nadie está dispuesto a pujar más. La puja más alta gana. Es lo que se denomina la subasta inglesa. Pero en las lonjas de pescado suele seguirse un procedimiento muy distinto; la subasta holandesa. En este caso el subastador fija un precio de salida y, si nadie lo cubre, lo va reduciendo hasta que alguien acepta el último precio anunciado. Y existen, desde luego otros tipos de subastas. La inglesa y la holandesa son subastas abiertas: los interesados en el producto pueden observar cómo el precio sube –o baja– antes de manifestarse. Pero en otros casos, los interesados presentan sus ofertas en sobre cerrado, de modo que nadie sabe lo que han pujado los competidores.

Es decir, nos encontramos ante modelos de asignación de recursos que utilizan normas distintas, aunque tienen básicamente un punto en común: el objetivo de los vendedores es obtener el precio más alto posible y el de los compradores el más bajo posible; y cada uno establece sus estrategias en función de dichas normas. Por ello el análisis de las subastas está estrechamente relacionado con la teoría de los juegos, en la que las decisiones de cada una de las partes implicadas vienen condicionadas por la estrategia esperada de las otras. Y resulta, además, que no todos los participantes tienen la misma información.

Uno de los problemas que se plantea a posteriori a todo ganador de una subasta es: si mis rivales no han estado dispuestos a pagar la cantidad que yo he ofrecido, ¿no estaré pagando demasiado? Es posible que yo tenga una información mejor que ellos con respecto a lo que he comprado. Pero puede que lo cierto sea lo contrario. En unos casos la diferencia se deberá a que los bienes adquiridos tienen un valor privado, diferente para cada persona: ¿cómo valoramos un cuadro de Goya? En otros, aunque el bien tenga un valor común, nuestras expectativas de la evolución del mercado pueden ser divergentes: ¿ha hecho bien mi banco en comprar deuda pública al precio al que lo ha hecho?

El Comité Nobel ha otorgado este año su galardón a dos profesores, ya veteranos, de la Universidad de Stanford: Paul Milgrom y Robert Wilson por sus aportaciones al análisis de las subastas. Éstas no son, ciertamente, un invento moderno. Los aficionados a la historia recordarán, tal vez, que hubo incluso un emperador romano –Didio Juliano– que, allá por el año 193, compró el cargo en una subasta organizada por los pretorianos tras haber matado a su predecesor.

Las subastas judiciales constituyen desde hace mucho tiempo un elemento importante en los sistemas jurídicos. Y varias de las grandes casas de subastas de arte actuales fueron fundadas en el siglo XVIII. Pero no cabe duda de que hoy el sistema de subastas se ha sofisticado mucho y es fundamental en la asignación de numerosos bienes tan importantes como bonos, minerales, energía o frecuencias del espectro radioeléctrico, por citar sólo los mencionados por la Academia Sueca de Ciencias.

No es éste, por otra parte, el primer Nobel que se concede a investigadores en teoría de las subastas. En 1996 William Vickrey recibió este galardón precisamente por sus aportaciones al diseño de subastas en condiciones de información asimétrica. Y algunas de sus principales aportaciones, como las denominadas subastas en sobre cerrado con cobro del segundo precio más alto – las denominadas subasta Vickreysiguen siendo objeto de análisis. No cabe duda de que, en este campo, el debate sigue abierto. Y la decisión del Comité Nobel puede servir de estímulo a nuevas investigaciones.


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