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Diario de Noticias

Navarra se mantiene en 2014 como la segunda comunidad con la presión fiscal más baja para sus trabajadores. Las subidas de los últimos años, que han elevado los tipos del IRPF y han recuperado figuras que habían desaparecido, como el impuesto del Patrimonio, supondrán que un asalariado medio (unos 24.000 euros brutos) pagará unos 685 euros más a lo largo de 2014 que en 2010. Esto significa que soportará una carga superior a la de un asalariado de la CAV, pero inferior al de un empleado en una comunidad de régimen común.

Según los cálculos de la fundación Civismo, institución de corte liberal y que recomienda habitualmente a los gobiernos rebajas impositivas, un trabajador navarro pagará en 2014 por término medio, 3.387 euros. Es decir, 241 euros menos “que la cuota más frecuente entre las Comunidades Autónomas de régimen común”. “Pero aún así -señala el estudio- las cuotas navarras son 287 euros más altas que lo que se paga en el País Vasco”. Tras las modificaciones, Navarra mantiene los tipos de gravamen del IRPF entre el 13% y el 52%, de tal modo que las rentas más elevadas -a partir de 300.000 euros- han visto cómo su cuota crecía en ocho puntos desde el año 2011. Queda ligeramente por encima de la Madrid o La Rioja, pero muy por debajo de Catalunya, Asturias o Andalucía, con tipos máximos que rondan el 56%. El Gobierno de Navarra ha presentado una propuesta de reforma fiscal que devolvería este tramo hasta el 46% en el año 2016, pero que todavía debe superar un trámite parlamentario en el que UPN no cuenta con mayoría. Navarra mantiene en cualquier caso un tipo máximo tres puntos por encima de las Haciendas forales vascas (49%), que además han deflactado sus tarifas. Por ello, y con unas elecciones a las puertas, no es descartable que la presión fiscal se reduzca levemente en Navarra con vistas a 2015.

Civismo mide el pago de impuestos en términos del “día de la liberación fiscal”. Es decir, el momento en que, sumando todos los impuestos y cotizaciones, uno terminaría de trabajar para el Estado y pasaría a trabajar para uno mismo. En este cálculo, Civismo no solo incluye el IRPF y las cotizaciones, sino el IVA y los impuestos especiales y señala que, por término medio, un español trabaja 184 días para el Estado y 181 para sí mismo, mientras que en Navarra la proporción es la contraria: 181 para el Estado y 184 para sí mismo. En la CAV, un empleado medio trabaja 186 días para sí mismo y 179 para el Estado.

Las subidas de impuestos: Ocho días más de trabajo para pagar

Este día de la liberación fiscal se ha retrasado de modo sensible desde 2010, de modo que los trabajadores navarros dedican hoy ocho días más de trabajo que hace cuatro años a pagar sus impuestos. Puede parecer mucho, pero conviene situar el dato en perspectiva. Y para ello es necesario recurrir al informe que elabora el francés Institute Économique Molinari, con datos de Ernst & Young. Sin tener en cuenta los impuestos especiales, el estudio sitúa a España entre los países que menos impuestos pagan, por detrás de Chipre, Irlanda, Malta, Reino Unido, Bulgaria, Luxemburgo, Portugal, Dinamarca, Eslovenia y Estonia. Ocuparía, por tanto, el puesto undécima de 27 países. Un trabajador español se liberaría según este cálculo el 12 de junio, un mes antes que un alemán y un mes y medio antes que un francés, el país de la Unión Europea que, junto a Bélgica, soporta los impuestos más elevados.

Pero este, con ser visible, no resulta desde luego el único método para calcular la cantidad de impuestos que se pagan en un territorio o en un país. La relación entre PIB e impuestos totales -denominada presión fiscal- es una de las más aceptadas y mide la capacidad para recaudar de los diferentes sistemas tributarios. Y tampoco en ello, quedan las distintas haciendas españolas – ni la central, ni las forales- como las más voraces de la Unión Europea. Como consecuencia de una elevada dependencia de los ingresos asociados a la burbuja y del fuerte alza del desempleo, la presión fiscal española cayó en 2012 hasta el 32,5% del PIB, por debajo únicamente de los países del Este de Europa, con sistemas tributarios poco desarrollados y grandes bolsas de fraude, o de las repúblicas bálticas, con modelos económicos de corte neoliberal. Dinamarca, Alemania, Italia, Francia y Finlandia, todos ellos con tasas de paro muy inferiores a la española, son capaces de recaudar mucho más dinero, por encima del 40% de su PIB, por lo que disponen también de una mayor capacidad de gasto.

Esta distancia resulta incluso mucho más acusada si se tienen en cuenta las estimaciones que, sobre la presión fiscal, suele realizar el sindicato ELA para Navarra y la Comunidad Autónoma Vasca. La presión fiscal de ambos territorios se encuentra ligeramente por debajo de la española, si bien en el caso de Navarra este diferencial ha alcanzado en alguna ocasión el 4% del PIB.

Sin embargo, esta menor recaudación de las haciendas españolas frente a las europeas no es atribuible exclusivamente a la mayor tasa de paro o la menor actividad. En la cresta de la burbuja, durante el año 2007, Navarra recaudaba un 32,8% del PIB, frente al 37,1% de media española, el 38,7% alemán, el 43,4% francés o el 48,9% de Dinamarca.

La diferencia: 50.000 millones más

A esta escasa capacidad recaudatoria es posible ponerle números. Incrementar en cinco puntos del PIB la presión fiscal española, con lo que se alinearía en cierto modo con la media comunitaria, supondría contar con unos 50.000 millones más al año en ingresos fiscales y cotizaciones sociales. Un bocado muy jugoso pero al que, siendo realistas, resulta complicado aspirar. Con un modelo basado en salarios bajos, la tasa de fracaso escolar más alta de Europa, una apuesta ideológica por las rebajas de impuestos a la que se ha sumado incluso el PSOE, un tejido empresarial escaso de empresas de cierto tamaño, más fraude que la media y una tasa de paro que amenaza con permanecer durante una década por encima del 10% o el 12%, los milagros económicos suelen acabar en dolorosos espejismos.

 

La falta de progresividad penaliza a familias con rentas bajas y medias

El tope de 15.647 euros anuales en las cotizaciones desvirtúa el efecto de los distintos tramos del IRPF

 

Los impuestos y cotizaciones que se pagan por tener una nómina resultan mucho más dolorosos y gravosos para las rentas medias y bajas que para las altas. “Comparativamente pagan considerablemente más que las rentas altas”, explica un informe de la OCDE (Taxing wages 2014) recogido por Civismo en su estudio anual.

“A partir de un determinado nivel de ingresos es regresivo”, señala el estudio quien indica que de “nada sirve que comunidades como Navarra tengan hasta once tramos de renta” o que algunas comunidades fijen un tipo máximo del 56% si la progresividad real entre los tramos de renta más habituales se reduce a poco más de siete puntos. “Así -explica Cristina Berechet, autora del informe- el tipo impositivo real para un mileurista es del 36,18%, del 39,35% para un sueldo neto de 1.600 euros y del 43% para uno de 5.400 euros”.

Esta merma en la progresividad real que soportan las rentas del trabajo se explica por la triple tributación que soportan: el IRPF, la Seguridad Social pagada por las empresas, que no suelen constar en la nómina que recibe el trabajador ni en su sueldo bruto anual, y las cotizaciones abonadas por los propios empleados. Estas cotizaciones, entre las más altas de Europa, cuentan con un tipo único en España: el 36,25% (un 29,9% pagado por la empresa y un 6,35% por el trabajador). “No obstante -explica el informe- las cotizaciones tienen un límite máximo, que se aplica a aquellas rentas que superan los 43.164 euros al año. Ningún contribuyente puede cotizar más de 15.647 euros anuales a la Seguridad Social”.

El estudio de Civismo tiene en cuenta por tanto estas variables, añadiendo las cotizaciones empresariales a los salarios y determinando de este modo que la progresividad real termina siendo mucho menor de la que muestras las tablas del IRPF. “Además, España destaca por ser uno de los países con mayor progresividad en los tres primeros niveles de renta y una progresividad reducida para las rentas más elevadas”, señala Berechet en su informe. La última propuesta de UPN, por ejemplo, fija una diferencia máxima de 1,5 puntos para salarios de 90.000 o de 300.000 euros.

El estudio también analiza la presión fiscal que soportan las parejas con hijos, que resulta superior por ejemplo a la alemana. Además allí “las familias con hijos reciben mensualmente alrededor de 180 euros al mes por cada hijo en concepto de prestación familiar y se benefician de una reducción en la base de unos 7.000 euros anuales”.


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