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Últimamente, da la sensación de que el Gobierno de España utiliza el Estado para imponer un cambio de régimen. No es la primera vez que esto ocurre, pero ahora parece que este intento se ha intensificado. Hace escasos días, en una de las afamadas ruedas de prensa de La Moncloa, el general Santiago decía así: «Otra de las líneas de trabajo es también minimizar ese clima contrario a la gestión de la crisis por parte del Gobierno». Se trató de un lapsus, según nuestros ministros favoritos. ¿Alguien esperaba que salieran en TVE afirmando «sí, la Guardia Civil trabaja para que no nos critiquen demasiado, ¿y qué? Os quejáis por todo»? ¿De verdad creían que estaban preparados para que la sociedad española aceptase algo así? Es probable que aún les falte tiempo, pero, sin duda alguna, están intentando amoldarla a su gusto y conducirla hacia la aceptación de sus impulsos totalitarios.

El último CIS daba una pista más sobre ello. De manera descarada, preguntaba a los españoles (o a quién sea que pregunten para conseguir cifras tan alejadas de la realidad) si creían que se debería, en estos momentos, «prohibir la difusión de bulos e informaciones engañosas y poco fundamentadas por las redes y los medios de comunicación social, remitiendo toda la información sobre la pandemia a fuentes oficiales» o si, por el contrario, «hay que mantener libertad total para la difusión de noticias o informaciones». El CIS interrogando a los ciudadanos sobre si quieren acabar con la prensa libre -y con la no libre. No faltaba más, el ‘sí’ obtuvo un respaldo muy mayoritario. Entraña un enorme riesgo tan solo sugerir la prohibición de información, aunque se refieran a la «engañosa y poco fundamentada», dada su, muchas veces, arbitraria interpretación. Pero más peligroso aún es hacerlo con un Gobierno que, de puertas para afuera, considera un bulo que la Guardia Civil tenga órdenes de identificar información contraria a él cuando periódicos como El Confidencial, El Mundo e incluso Cadena Ser han alertado ya de un correo electrónico de la Benemérita que ordena a los agentes  identificar «fake news» contra el Ejecutivo. Y por supuesto, este ha vetado las preguntas al general Santiago en las ruedas de prensa de Moncloa. Sin duda, el Gran Hermano de Orwell estaría orgulloso. 


Si esta tendencia se mantiene, habrá ciudadanos ejemplares y enemigos del pueblo


Además de todo esto, muchos juristas denuncian ya un «estado de excepción encubierto», y el vicepresidente Pablo Iglesias (Podemos, al final, no había muerto, tal y como algunos dijimos) ha propuesto, como era de esperar, la nacionalización de empresas, entre otras «maravillosas» medidas para frenar la crisis económica derivada de las que se han tomado para frenar la expansión de la COVID-19. No se enfrenta a un camino de rosas nuestro flamante vicepresidente, ya que parece suscitar cierta discrepancia en el Consejo de Ministros, mayormente la de Calviño y Escrivá (previsible y admirable que unos economistas con tan brillante trayectoria se opusieran a sus econopatías). Sin embargo, no le están haciendo demasiado daño, y está ganando la guerra, porque de eso trata en gran parte la política: la batalla sin piedad por el poder (seguro que nuestro vicepresidente se mostrará de acuerdo con esta afirmación).

Al final, si esta tendencia se mantiene en el adverso rumbo actual, ya no habrá socialistas, liberal-conservadores, progresistas (signifique lo que signifique ese término), ni escépticos. Habrá ciudadanos ejemplares y enemigos del pueblo. Y estos últimos no suelen salir bien parados en los sistemas a los que nos estamos aproximando. El Gobierno está dispuesto a poner toda la carne en el asador, a emplear toda su fuerza en un cambio de régimen en el que controlen la prensa, la economía, con el monopolio de la violencia a su servicio y no al de los ciudadanos. Algunos lo advirtieron al comenzar el estado de alarma: los totalitarios suelen utilizar estados de verdadero temor y confusión para imponer sus proyectos maquiavélicos, aprovechando que la estrategia de comunicación más efectiva es el pánico. Y el caos no acabará con el fin del confinamiento, no. España se tratará, según las previsiones, del país más afectado económicamente por la crisis de la zona euro, y nuestro PIB podría caer incluso un 15,5%.

Parece que, por fin, el pueblo español se vacunará contra la tiranía que tanto han deseado muchos y comprenderemos la importancia de la libertad que tan poco hemos apreciado. Por ahora, no nos queda más opción que usar todos los medios a nuestro alcance para oponernos frontalmente al liberticidio que este Gobierno no solo está dispuesto, sino que ha empezado ya, a cometer. Buena suerte a todos los españoles. Desde luego, rendirse no es una opción.


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