02
nov
Diario de Navarra

El viernes se conoció el pacto entre UPN y PPN para concurrir en una misma lista en las próximas elecciones. La negociación no ha sido fácil y, respecto a la anterior edición, el acuerdo ha beneficiado a los regionalistas. Creo que pocos habrían entendido que dos formaciones con un ideario tan afín se hubieran hecho la competencia. Cuando son pocos los escaños a repartir, la Ley d’Hont favorece a las listas más votadas. Los que somos constitucionalistas estamos satisfechos de una alianza que va a contribuir a la defensa de la identidad de nuestra tierra.

Sin embargo, el hecho de que en ese pacto prime el bien de Navarra sobre los intereses de algunos militantes es insuficiente para dinamizar a mucho abstencionista de centro-derecha. Es cierto que hay mucho elector harto de la corrupción, pero también lo es que estos condenables comportamientos no han existido en Navarra. No todos los políticos son iguales y sería injusto castigar a navarros honrados por delitos de los corruptos de Sevilla o Madrid. Hoy deseo animar a la participación por dos razones: aquí votaremos a partidos limpios y, tanto España como Navarra, se juegan demasiado para quedarnos en casa si los radicales tocan poder. Vivimos tiempos en los que la profesión de político está muy desprestigiada. Son pocos los valientes con la grandeza de renunciar a un modo alternativo de ganarse la vida mejor y/o más tranquilo, para dedicarse al servicio público. Tener un cargo en el Gobierno Foral o en un ayuntamiento es más una carga que un privilegio. Citaré algunos peajes que derivan de la animadversión hacia esa supuesta ‘casta’.

Robar tiempo a la familia, pues no hay horario ni, a veces, fines de semana. Con frecuencia se ganan enemistades (cuando se toman decisiones duras) y se oyen insultos por la calle. No iba en el sueldo de Enrique Maya el abucheo humillante que tuvo que soportar el día de la constitución del Consistorio. También, se pierde privacidad, incluso la de tu patrimonio o deudas. ¿Por qué se tiene que enterar todo el mundo que estoy pagando el coche a plazos y qué bienes tengo? Otro coste (en algunos) es el que se perciba un sueldo inferior al que se obtenía antes de ser político. Además, está que la vuelta a la profesión privada (los que puedan) supone peores condiciones que las que se tuvo en la salida.

Por último, el riesgo de perjudicar la buena fama. Pasará a los anales de la ignominia el ataque salvaje, sin base alguna, que sufrió Lourdes Goicoechea.

Esta consejera pudo haber salido con una reputación destrozada para el resto de su vida. Esto habría ocurrido si se hubiera venido abajo tras unas calumnias insoportables. El modo cainita de cómo funciona el Parlamento Foral implica que lo que cuenta son los votos, no tener razón. Además del sufrimiento que viene de los de fuera, está también el que provocan los de dentro del partido. ¡Cuerpo a tierra que vienen los nuestros! La lucha por el poder interno suele ser más sangrienta porque cuando se comparten principios el ataque de los compañeros duele más.

Es cierto que hay gente que se instala en la política porque no tiene otro modo mejor de recibir un sueldo o por la pura vanidad de ostentar poder. Sin embargo, son también muchas las personas con nobles ideales, que entran en política para servir a la sociedad. Ser buen ciudadano conlleva huir de condenas generales, contribuir con una crítica constructiva y participar en un partido político, si cree que puede ser útil.


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