09
may
El Imparcial.es

El think tank Civismo ha vuelto a publicar el informe sobre el día de la liberación fiscal. A partir del 10 de mayo, dice, el ciudadano deja de trabajar para el Estado. En realidad, esa libertad fiscal llega más tarde.

José Carlos Rodríguez

Cristina Berechet, que ha elaborado este año, como los anteriores, el informe, ha tenido que apurarse para hacer los cálculos de cuánto tiempo dedicamos los españoles en trabajar para el Estado. No es que estuviese muy apurada. Tenía 130 días del año para hacer los cálculos, los que dedicamos a pagar nuestros impuestos. Pero tampoco estaba falta de trabajo. El año 2012, el primero de gobierno del Partido Popular, el Ejecutivo ha subido los impuestos 30 veces, según algunas cuentas. En toda la democracia española no habíamos conocido nada igual.

Las cuentas de Civismo son que el trabajador dedicaría, de media, 54 días del año a pagar el IRPF, 32 al IVA, 23 a las cotizaciones a la Seguridad Social que formalmente paga el empleado, 14 días más a los impuestos especiales, y otros 7 a pagar otros impuestos.

La cuenta se queda coja. Por un lado, no incluye la feria de multas de tráfico que no tiene objetivos aleccionadores sino puramente recaudatorios. Lo prueba el hecho de que los radares no están donde los puntos negros, algo que debería ser obligatorio por ley, sino en los sitios con mucho tráfico donde no hay accidentes.

Pero lo que falta, en realidad, es lo que formalmente paga el empresario de cotizaciones a la Seguridad Social. Julio Pomés, presidente de Civismo, ha aclarado que esa cuenta se incorpora a las cuentas del día de la liberación fiscal. Si se incluye, “el ciudadano medio estaría 183 días trabajando para mantener el Estado, más de medio año”.

Pero, ¿por qué incluir esa cotización si la paga el empresario? Una cosa es quién paga legalmente un impuesto y otra es quién lo paga desde el punto de vista económico. Este es un caso flagrante. El empresario, al hacer sus cálculos, tiene en cuenta el valor de lo que le aporta el trabajador, por un lado, y lo que le va a costar, por otro. El empresario no piensa en cuánto se va a quedar el trabajador de todo lo que le paga, sino cuánto le cuesta a él. Lo que paga el empresario por el trabajador es, exactamente, lo que el trabajador logra que el empresario pague por él. Es, por tanto, su sueldo.

Si una parte importante no la vemos en la nómina es porque se mantiene la ficción económica de que esas cotizaciones a la Seguridad Social las paga el empresario. Como si no las pagase a partir de lo que está dispuesto a pagar por el trabajador. Los economistas, al menos los que tienen interés por el trabajador, han destacado que esa cantidad debería estar incluida en la nómina, para que veamos con claridad cuánto pagamos de impuestos. Pomés ha vuelto a hacer esa petición.

Según el economista Pedro Schwartz, “el Día de la Liberación Fiscal en realidad debería celebrarse el 3 de julio. Los políticos son culpables de la oscuridad del sistema impositivo, no tanto de la carga. El 60 por ciento de la tributación sobre el trabajo está oculta y no aparece en la nómina. Si los trabajadores lo supieran se escandalizarían”. Y ha recordado una virtud pública, en línea con la tradición de pensamiento republicana: ““no quiero que me subvencionen, yo cargo con lo mío”.

Según los datos recogidos por el informe, la renta media española está gravada al mismo nivel que en Suecia o Finlandia con la única diferencia de que la renta de estos países casi duplica la española.