30
jul

La sesión parlamentaria del 29 de julio, que, teóricamente, versaba sobre los acuerdos alcanzados en la Cumbre por la reconstrucción europea, ha estado cargada de histrionismo, irresponsabilidad y falta de compromiso con el futuro de nuestro país. La sesión comenzaba con una atronadora bandada de aplausos que trataban de ensalzar y glorificar la figura de Sánchez. La bancada socialista retrata una vez más la falta de rigor y pensamiento crítico que acompaña a la política española, la cual, movida por criterios partidistas e incluso personalistas, pierde de vista la realidad que atraviesa nuestro país. Del “en el 8M nos va la vida”, pasando por el “salimos más fuertes”, hasta los últimos actos propagandísticos que buscan vender como una victoria personal de Sánchez los acuerdos alcanzados en Europa, todo constituye una verdadera ruina moral y humana en la que la clase política juega y se divierte con el sino de los ciudadanos.

Tras la intervención de Pablo Casado, otra vez fagocitada, sin esencia ni fuerza de convicción, se llegó al otro momento culmen de la montaña rusa de irracionalidad en que se ha convertido la política española; Santiago Abascal, líder de Vox, rompía con el debate parlamentario anunciando que presentará una moción de censura contra el Gobierno (en virtud del artículo 113 de la Constitución) tras la temporada estival. Antes de adentrarnos en el análisis meramente político de lo que esta acción implica, consideramos preciso observar cómo, en términos tácticos, salvo un cambio poco previsible de la situación, se trata de un error calamitoso para España, aunque, como veremos, puede suponer un éxito para la formación verde y el Gobierno. Es curioso que los intereses de los españoles, quienes ansían el acuerdo y la estabilidad, sean diametralmente opuestos a los de sus representantes.

En primer lugar, y como bien hizo el PSOE en 2018, una de las principales ventajas que ofrece este tipo de herramienta política reside en su espontaneidad, por lo que, anunciándola con meses de antelación, se pierde por completo parte de su utilidad en términos políticos. En segundo lugar, el mes elegido, septiembre, será muy pronto para que las graves consecuencias de la crisis económica desgasten lo suficiente al Gobierno, por lo que se pierde una bala que Vox podía haber mantenido en la recámara a la espera de un momento de mayor idoneidad. También se podría alegar como error de cálculo la composición del Congreso: aunque se sumaran los escaños del Partido Popular y Ciudadanos, haría falta un ejercicio de malabarismo para que, aritméticamente, resultase viable (situación de sobra conocida por Vox).


Los intereses de los españoles (acuerdo y estabilidad) son diametralmente opuestos a los de sus representantes


En cuestiones políticas, la moción de censura equivale a una autentica tragedia para la estabilidad de España, que tanto se necesita en estos momentos de duda e incertidumbre. El contexto de la moción será el de un otoño en el que, una vez superada esta especie de abstracción veraniega, los ciudadanos comiencen a sentir los efectos de la crisis económica, que vendrá acompañada de un “rebrote” del nacionalismo catalán, con una diada crucial para sus intereses, e incluso un presumible adelanto electoral, y una no deseada, aunque esperable, segunda oleada de contagios por covid-19.

En conclusión, el escenario no podría ser peor para estancar y alejar de las preocupaciones de los españoles la labor política. Sin embargo, pese a tan funestos presagios, tales acontecimientos pueden ser positivos para los intereses partidistas de Vox y del Gobierno de España. En el caso de la “alternativa patriótica y social”, o la excusa u oxímoron que utilicen ahora para que sus electores no observen la deriva radical que están sufriendo, se busca poner en una situación comprometida a las fuerzas de centroderecha y obtener de ello cierto rédito electoral y protagonismo mediático para su líder. A pesar de ese nacionalismo simbólico, propio de esta formación populista, vemos que España se encuentra muy por debajo en sus prioridades y que están dispuestos a sacrificarla con tal de conseguir más asientos el Congreso de los Diputados. Pese a que el derrocamiento del Gobierno, y en especial el de los socios de este (la izquierda radical, casposa y suicida que representa Iglesias) es un objetivo fundamental para el porvenir de nuestro país, no se conseguirá atomizando el voto de lo que se suele etiquetar como “derechas” y movilizando al de “izquierdas”. Tal anuncio ha supuesto una verdadera alegría pues, ante los indicios de fragmentación dentro de la coalición, se abre una oportunidad para cerrar filas y cohesionarse contra un enemigo común. La táctica del miedo, ya adelantada por Íñigo Errejón (Más País) en su intervención parlamentaria, buscará movilizar y radicalizar al votante al canto de “cuidado, que vienen los malos”.  La moción también se usará para desviar el debate político de cuestiones de mayor calado, como las cloacas de Podemos, o las incesantes mentiras y contradicciones a las que nos somete diariamente el presidente.

En conclusión, estamos en el preludio de una consecución de eventos nefastos para España y sus ciudadanos, en los que la clase política, lejos de tratar de solventarlos, buscará alimentarse de ellos para su supervivencia personal. El secreto para superar tales momentos de adversidad no se encuentra ni en las élites públicas ni en personajes mesiánicos ni en la patria, sino en la sociedad civil, la cual, con talante, responsabilidad individualidad y denuedo, podrá revertir la situación, a pesar de las deplorables estratagemas de aquellos que dicen representarnos.


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