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ago
El Mundo

Manuel Conthe ha analizado en su blog en Expansión, con la luminosa racionalidad que le caracteriza, las acusaciones que se ciernen sobre la CNMV y la floja reacción de ésta. Esto último es lo que más le ha molestado, puesto que cree que Elvira Rodríguez no ha sido lo suficientemente contundente a la hora de contestar a lo que él considera como parte del fenómeno periodístico que ha bautizado como «monos con metralleta» (monkeys with machine guns) y que consistiría en difundir interesadas medias verdades.

Aviso que no tengo elementos de juicio para valorar la fiabilidad de la información publicada que al parecer procede de la Unidad Central de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de la Policía. Pero lo que me ha llamado la atención del blog de Conthe es que las consecuencias del caso Vetusta, que él describe ahí con detalle como un caso de exceso de celo de la CNMV ante una falsa alarma, acabó perjudicando gravemente a un particular –Guillermo Menéndez Escandón–, quien ha asegurado que la suspensión provisional de su sociedad de cartera «le arruinó la vida».

El relato de Conthe me recordó lo ocurrido en marzo pasado con el Banco Madrid, una entidad que ha terminado siendo liquidada pese a que resulta muy discutible que los supuestos delitos que se cometieron en su seno merecieran un castigo de ese tipo. Al final se ha producido un importante perjuicio a los accionistas, empleados y clientes del banco pese a que la propia Elvira Rodríguez subrayó entonces que si las cosas «se hacían en forma ordenada» no iban a producirse pérdidas. Ella se refería exclusivamente a los clientes de los fondos de inversión de Banco Madrid, pero esa filosofía del menor daño –y no la del aquelarre anticapitalista– es la que debería impregnar a todo supervisor.

Al final no sucedió así ni con Vetusta ni con Banco Madrid, porque la metralleta de la que habla Conthe es la publicidad a destiempo, ya sea en el proceso de supervisión o de indagación policial (la llamada pena del telediario), y ésta puede caer en manos de monos, periodistas o incluso de diligentes supervisores. En el caso Vetusta fue a dar a las manos de la CNMV que él dirigía y en el del Banco Madrid a las autoridades actuales. Ambos casos deberían llevar a la revisión de unos procedimientos que se siguen dando por buenos pese a sus importantes carencias. La única diferencia es que mientras en los casos de supuestos crímenes no económicos el daño suele recaer sobre un intangible como es el honor de los implicados, en los casos de presuntos delitos o infracciones económicas el daño es perfectamente cuantificable.

A favor de Conthe hay que decir que Vetusta merecía una sanción, por no haber facilitado información puntual a la CNMV, y que su rigor y celo profesional le han convertido en el único presidente de ese organismo no salpicado por grandes escándalos –cuando lo hubo dimitió–, como ha ocurrido con las preferentes bancarias o con el reciente caso Gowex.


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