01
jun
Atalayar

Cuando queda tan solo semana y media para que se cumplan tres meses del inicio del confinamiento en Italia (iniciado, como es sabido, el 10 de marzo), en nuestro país vecino comienzan a notarse las consecuencias de la epidemia del coronavirus. Y eso que aún no se conocen los datos de aumento del desempleo correspondientes al mes de mayo, ni la caída del Producto Interior Bruto (PIB) en el segundo semestre, o el nivel de aumento de la deuda pública. Pero la realidad es que la población italiana ya comienza a notar los efectos de haber tenido el país paralizado, en su mayor parte, desde mediados de marzo hasta mediados de mayo, y ello se está volviendo básicamente contra la clase política, al igual que se percibe un enfrentamiento entre territorios.

En este momento ya hay hasta tres políticos relevantes que han recibido amenazas de muerte y a los que ha habido que poner escolta. Se trata de Attilio Fontana, presidente de la Región de Lombardía; del viceministro de Sanidad, Pierpaolo Sileri; y de la ministra de Educación, Lucia Azzolina. Y lo más llamativo de todo ello es que ambos pertenecen, por un lado, al partido que va líder en las encuestas de intención de voto (Fontana es miembro de la Lega de Salvini), y por otro, a la formación que venció con mucha claridad en las últimas elecciones generales, las celebradas en marzo de 2018 y donde el partido más votado con diferencia fue el Movimiento Cinco Estrellas (tanto Azzolina como Sileri son parlamentarios de este partido).

En las tres personas mencionadas hay razones para entender que se encuentren sometidos a fuertes críticas, aunque no hace falta recalcar que las amenazas de muerte jamás pueden estar justificadas. En el caso de Fontana, hombre de confianza de Salvini, se considera que su gestión de la emergencia sanitaria ha sido, sencillamente, lamentable, aunque lo cierto es que sigue habiendo un debate fuerte sobre el poder real que tienen los gobiernos de las regiones en un Estado poco descentralizado como es el italiano. La dura realidad para Fontana es que su región (Lombardía, con capital Milán) ha sido desde el primer momento el epicentro de los contagios y fallecimientos del coronavirus: de los alrededor de 232.000 infectados que se han registrado en el conjunto del país, Lombardía se lleva nada más y nada menos que 88.000 de ellos (esto es, más de un tercio), y la mitad de los fallecidos (unos 15.000 sobre un total de 31.000) han caído en tierras lombardas. Y es que en la retina de muchos queda la imagen de camiones militares saliendo de la lombarda ciudad de Bérgamo con un importante cargamento de ataúdes ya que en esta emblemática ciudad literalmente no quedaba espacio para ellos.

El problema, en el caso de Lombardía, es que la región había sido hasta ese momento el modelo de gestión del centroderecha en relación con el conjunto del país. Con alrededor del 27% de la población nacional (16 millones sobre un total de 60 millones) y con una de las tasas de paro más bajas del país (poco más del 5% sobre un total del 10.8% hasta el inicio de esta crisis), ha sido desde hace décadas el motor económico del país, así que muchos confiaban en que Lombardía sabría resolver con efectividad todo lo derivado de la epidemia. Pero no fue así, y ciudades tan relevantes como la citada Bérgamo o Brescia se convirtieron en gigantescas morgues. Lo peor para Fontana era ver cómo la vecina región del Veneto, también gobernada por la Lega de Salvini y donde se registró el primer fallecido (el 20 de febrero en la ciudad de Padova), consiguió contener rápidamente la epidemia y al final el número total de contagiados apenas ha llegado a los 20.000. Lo que, ciertamente, ha dejado en muy mal lugar al presidente Fontana.

Las que sí resultan llamativas son las amenazas a Pierpolo Sileri, ya que, en primer lugar, no es el ministro de Sanidad (cartera ocupada por Roberto Speranza, de LeU), y, por otra parte, tampoco es lombardo o de cualquiera de las regiones con mayor grado de contagio. En efecto, Sileri es Senador por el Lazio, donde, a pesar de encontrarse la capital del país (Roma), el número total de contagios no ha llegado a las 8.000 personas. Eso sí, Silleri, a diferencia tanto de Speranza como de la otra viceministra de Sanidad (la diputada Zampa, perteneciente al Partido Democrático), es médico de profesión, y por ello le ha tocado asumir un papel particularmente relevante en la emergencia sanitaria, lo que seguramente explique la reacción que en este momento existe contra su persona.

Finalmente, ¿por qué la joven (37 años) ministra Azzolina se encuentra en el punto de mira de los italianos? En primer lugar, porque ya levantó mucha polémica su nombramiento para esta cartera al existir importantes sombras sobre su formación, con acusaciones de plagio en defensa de trabajos de investigación. Pero la realidad es que lo que ha irritado sobremanera los italianos era ver que Azzolina tenía la intención de suspender las clases hasta ya septiembre, aunque finalmente parece ver echado marcha atrás con esta medida, que aún sigue debatiéndose.

Claro está que la auténtica cuestión de fondo es que una pavorosa recesión está comenzando a asomar con fuerza. Ciudades que viven básicamente de la afluencia extranjera, como Roma y Venecia, siguen en este momento prácticamente vacías, y recordemos que, además, en el caso concreto de Roma, esta arrastra una descomunal deuda que varias veces ha estado a punto de quebrar las finanzas municipales, con lo que solo le faltaba esta enorme merma de ingresos que se está produciendo. La realidad es que, aunque la Unión Europea piensa en esta ocasión dejar de lado las duras políticas de austeridad para en su lugar inyectar fuertes sumas de dinero que permitan sobrevivir a la mayor parte de las empresas, de momento el dinero no llega, y el actual gobierno ha hecho ya muchos anuncios de ayudas económicas que nadie ve, lo que acrecienta el malestar.

Y ya solo faltaba para ello que aflorara la vieja enemistad entre la Italia septentrional y la meridional. Porque la segunda (a la que pertenecen regiones como Calabria, Puglia, Sicilia, Basilicata o Campania) literalmente se regodea viendo como sus rivales de la Italia septentrional sufren lo peor de la epidemia del coronavirus: si Lombardía está punto de llegar a los 90.000 contagiados, Basilicata, por ejemplo, aún no ha alcanzado siquiera la cifra de los 500 infectados. Y por debajo de los 5.000 se encuentran también otras regiones meridionales como son Abruzzo, Calabria, Campania, Molise, Puglia, Cerdeña, Sicilia y Umbria. Se trata de la Italia más pobre, pero, a juzgar por las cifras, también de la más sana. Algunos, incluso, se han permitido tirar de ironía, como es el caso de Joei Santelli, la presidenta de Calabria (que, por cierto, pertenece al centroderecha que lidera Matteo Salvini), quien acaba de declarar: “Los lombardos están invitados a veranear en Calabria, e invito personalmente a Fontana, cocino yo en su honor”. Lo que le faltaba a un país donde la división es algo patente desde hace décadas. 


Deja un comentario