22
jun
OkDiario

La crisis que nos acontece proyecta un intenso deterioro para la economía española. Cuando la tormenta vírica se disipe, la crisis quedará reflejada en unas cuentas públicas que ya mostraban una gran vulnerabilidad previa a la actual situación, al menos en contraste con otros homólogos europeos. Tampoco hay que olvidar que el FMI ya hablaba de una desaceleración sincronizada a nivel global en octubre del ejercicio pasado.

Estamos hablando de una situación excepcional para la que se han requerido unos planes de estímulo que, de acuerdo con los datos oficiales, podrían ensanchar unos desequilibrios que, como comentábamos -y pese a la crisis doble que se nos presenta-, ya estaban muy presentes, desde hace años, en nuestra economía. Desequilibrios que, como el nivel de deuda o de déficit, seguían limitando la capacidad de movimiento de una economía que ha precisado la ayuda de la Unión Europea, en alianza con el conjunto de países que forman el bloque comunitario, para poder hacer frente a la situación que nos dejaba el virus.

Con un déficit que, tras la auditoría europea, arrojaba en el reajuste un 2,8%; así como un nivel de deuda que ya se mostraba cercano al 100% en relación al PIB nacional, la capacidad de aplicar una respuesta de forma unilateral se convertía en una misión imposible para nuestra economía.

Tal y como habían avisado muchos economistas desde hace meses, incluso años -entre los que me incluyo-, y pese a haber registrado crecimientos en nuestra economía de hasta el 3%, debido a una intensiva política económica expansiva impulsada por el Banco Central Europeo (BCE), el margen fiscal que presentaba la economía española para tomar decisiones y responder ante una nueva crisis, con un nivel de deuda que alcanzaba la totalidad de nuestro PIB, era inexistente.

La compleja situación que presentaba la economía española, con unas cuentas públicas al borde del colapso, limitaban -y de forma extrema- la capacidad de actuación de una economía que precisaba la intervención pública del bloque comunitario para salir adelante y sortear los preocupantes externalidades negativas que se derivaban de la crisis sanitaria, así como del shock de oferta al que tuvo que enfrentarse nuestra economía, en aras de contener un virus que se expandía a un ritmo muy acelerado.

De esta forma, el Banco de España prevé una situación para las cuentas públicas que, tras el rescate, impulsaría el nivel de deuda de la economía española que será uno de los mayores lastres para la recuperación. Podría situarse en el 122% del PIB cuando la pandemia se disipe. El déficit podría cerrar el año en niveles cercanos al 12%. En términos absolutos, de acuerdo con la cifra que aporta la AIReF, podría superar los 110.000 millones de euros.

En un escenario tan drástico como el que se presenta lo que precisa la economía española para salir del atolladero es un crecimiento que trate de revertir un escenario que, a la luz de los datos, se muestra claramente pesimista. La economía española podría cerrar el año con una contracción interanual que provocaría descensos en el PIB en una horquilla en la que contaríamos con dos escenarios: uno optimista, en el que dicho nivel de PIB sufriese una contracción del 11%; así como, por otro lado, un escenario pesimista, el cual sitúa la contracción en niveles cercanos al 15%.

Ante semejantes proyecciones podemos hacernos una idea del elevado crecimiento de la economía española necesario para salir del atolladero. Las caídas del PIB que pronostican los principales servicios de estudios no se vieron en la Gran Recesión que arrancó en España en 2008. Habría que remontarse a comienzos del siglo XX para ver precedentes similares.

España debe enfrentar la crisis con otra serie de medidas entre las que, además de la inyección pública que se prevé para este año, se encuentra una austeridad desmesurada para cuando la situación se disipe. Medidas que, de acuerdo con las condiciones exigidas, irán por la vía del ajuste presupuestario, debiendo tener en cuenta que dicha condición se presenta como uno de los principales requisitos para optar al rescate. Además, como bien recordaba el compañero economista Alberto Alesina, dicha austeridad, de la misma forma que lo recomienda la UE, debe venir por el lado del gasto. En este sentido, siempre y cuando el objetivo de dichos ajustes sea que estos tengan el impacto óptimo que tanto se persigue.


Deja un comentario