28
jul
El Economista

 L a presentación de los resultados correspondientes al primer semestre de 2018, muestra la recta final del saneamiento por parte de la banca española de los activos improductivos, especialmente de los relacionados con el sector inmobiliario -tanto en crédito promotor como en activos inmobiliarios acumulados en el balance- los cuales alcanzaron en 2013 su máximo histórico en 197.235 millones de euros en términos de activos dudosos según datos del Banco de España.

En este sentido, han sido necesarios casi diez años para ordenar el balance de las entidades españolas, con un proceso que puede describirse en las siguientes etapas: primera, saneamiento global y sostenimiento del sistema de pagos a través del rescate llevado a cabo por el Estado al sistema de cajas de ahorros que suponía el 52 por ciento del mercado de crédito en España en varias fases, siendo la más importante desde julio de 2012; segunda, limpieza individual de los balances tanto por procedimientos internos como por medio de ayuda externa en forma de traspaso de activos improductivos al Sareb o banco malo; y tercera y última -que es la que está sucediendo en este momento- la búsqueda de un nuevo modelo de negocio que permita sostener a la banca a medio y largo plazo y, de esta forma, generar mejores retornos y a la vez cumplir con todos los requerimientos regulatorios.

Con los últimos datos de morosidad bancaria correspondientes a mayo, en un año, la salida de activos dudosos del balance de la banca española se ha acelerado en 30.000 millones de euros y el de activos adjudicados (procedentes de ejecuciones) sólo de las entidades cotizadas cuyo negocio mayoritario está en España como Banco Sabadell, Caixabank o Bankia en alrededor de 1.000 millones con las últimas operaciones de venta de carteras a fondos internacionales. También sucede con los dos grandes bancos internacionales, BBVA y Santander, los cuales buscan mejorar las cuentas de España desconsolidando el negocio inmobiliario y poniéndolo a la venta aprovechando la recuperación de los precios inmobiliarios.

Aunque los fondos internacionales fueron los primeros que entraron al mercado español en 2010 en pleno hundimiento de los precios de la vivienda, aún hoy existen numerosas oportunidades alejadas de zonas donde se están calentando notablemente los precios como Madrid, Barcelona o las zonas de costa. Dado que una buena parte de los inmuebles son propiedad de bancos o de sus filiales de real estate, ahora están siendo los catalizadores en otras zonas donde los precios permanecen estancados o incluso siguen reduciéndose como Castilla-La Mancha (-0,7 por ciento interanual), Galicia (-2,2 por ciento) o Extremadura (-3,4 por ciento).

Esto no quiere decir que la banca abandone la financiación del sector inmobiliario. Lo que sí hace es vaciar sus balances de la herencia recibida de los años de la burbuja para ahora participar de otra forma especialmente en el terreno de la banca mayorista, pasando a cobrar comisiones y dividendos frente a una exposición directa al riesgo del ladrillo concediendo crédito y, por tanto, vía margen de intereses. Es el caso de las salidas a Bolsa de Metrovacesa o de varias Socimi con activos bancarios como es el caso de Tempore, propiedad del banco malo, el cual busca también colocar sus activos minimizando las pérdidas posibles con respecto a los 50.781 millones de euros de coste de adquisición en 2012, con una cartera actualmente valorada en libros en 37.179 millones. No va a ser menos difícil encontrar un nuevo negocio bancario diferente del tradicional debido a un factor que ya se ha convertido en estructural como es el nivel de tipos de interés bajos (el margen de intereses en España se estrecha aún más con una rigidez notable en el coste de los depósitos) y el agotamiento de la estrategia que hasta ahora estaba funcionando para generar rentabilidad como era el recorte de costes y la bajada de provisiones. Es un negocio que en España sigue destruyendo valor, dado que su rentabilidad está muy por debajo del coste de capital aunque se recupera poco a poco. En términos de rentabilidad sobre activos ponderados por riesgo (RoRWA), la media de la banca española se sitúa en el 1,4 por ciento frente al intervalo entre el 1,6 y el 1,8 por ciento necesario para cubrir el coste de capital (Bernal y Santacruz, Cuadernos Económicos de ICE, 2016)

A pesar del saneamiento de la banca, los resultados muestran una atonía generalizada en la marcha del negocio de la banca cotizada, el cual está sometido a innumerables presiones tanto nacionales como internacionales. Especialmente importante está siendo el impacto de dos factores que actúan de viento en contra de la banca: por un lado, la estabilidad macroeconómica de los mercados emergentes y, por otro lado, el efecto del tipo de cambio. Todo ello es, aún más si cabe, un incentivo para finalizar el proceso de saneamiento de los balances antes de que llegue la próxima crisis en año y medio o dos años.


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