08
jun
El Mundo

Después de oir a Mariano Rajoy criticar la deriva radical de Pedro Sánchez que pone en peligro la recuperación económica, ha llegado la hora de que el presidente del Gobierno se plantee la posibilidad de pedir a la UE el rescate que con tanto ahínco ha dicho que evitó en 2012. Es evidente que los españoles no le han mostrado en las urnas la gratitud que él cree merecer por haber evitado que el país fuera gobernado por la troika, como le sucedió a Portugal. Su empecinamiento fue inútil y quizá debería rectificar ahora, si cree que la salvación económica está en peligro.

Esto es una ‘boutade’, pero la uso para ejemplificar que no valen maniqueísmos ante la complejidad expresada por los votantes. Según la versión oficial, Rajoy evitó el rescate para no imponer a los españoles unas reformas con sacrificios indecibles que hubieran roto la legitimidad democrática, es decir, el ejercicio de la soberanía popular. Los ciudadanos, en el ejercicio de esa soberanía, han decidido situar el poder político en unas manos que no son las de los socialdemócratas alemanes y que ni tienen la tradición histórica de la Gran Coalición, ni sienten la menor inclinación a pactar con el PP, cuyo tesorero está siendo juzgado por haber competido contra ellos con las cartas marcadas, ayudándose con dinero negro.

Sin embargo, esta percepción lleva a apreciaciones falsas. La política no sólo consiste en pactar para imponer unas aspiraciones legítimas, sino en moderar las de los demás. El SPD en Alemania no sólo busca imponer aspectos de su programa, sino influir en la actuación deMerkel. De momento, parece que el PSOE tiene más opciones que el PP de moderar y en eso sí se conducen como el SPD germano.

Así las cosas, las palabras del presidente demuestran que o no es consciente de la realidad (cosa que sería extraña dada la calidad y el número de sus asesores que deben haberle advertido de la importancia de la cuestión ética que gravita sobre el PP y su presidente) o se ha producido un importante error de cálculo que está frustrando una estrategia no revelada. Victoria Prego, que atesora el conocimiento de todos los episodios clave de nuestra historia democrática, lo resumió acertadamente aquí el viernes en su artículo Rajoy huele ya el peligro: «Ahora es cuando… puede calibrar la auténtica hondura de las consecuencias que puede tener para el futuro de España…».

Dado que el presidente ya no pasará a la historia como el reformador que aprovechó una crisis sin precedentes para darle la vuelta a España y situarla en la vanguardia de Europa, operación que no suponía necesariamente invocar un rescate soberano aunque sí enfrentarse a la maraña de intereses creados que hay en la Administración, al menos debería esforzarse por facilitar la gobernabilidad y actuar como fuerza moderadora allí donde pueda.


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