15
oct
ABC

Resulta asombrosa la credulidad con la que la opinión pública recibe las previsiones de la Comisión Europea y del FMI. Basta mirar el pasado para comprobar que los expertos de estas instituciones fallan más que una escopeta de feria. En el caso de España sus predicciones han sido casi siempre equivocadas. Por ejemplo, la Comisión nos pronosticó para 2014 un crecimiento de un 1,0% y la realidad ha sido de un 1,4% (un desvío de un 40%). También fracasará para 2015, pues estimó un 1,7%, error mayúsculo si se tiene en cuenta que entre el primer y segundo trimestre de este año ya ha crecido un 1,9%. Estas cifras unidas al boom turístico de este verano, al crecimiento de los ingresos del 7% (va por encima de lo presupuestado), al ahorro en intereses de la deuda y la reducción del gasto en desempleo, permiten contemplar que el crecimiento superará el 3%. Por estas razones, aunque algunas comunidades autónomas incumplan su déficit y la Seguridad Social gaste más de lo previsto, parece que hay margen de maniobra en las cuentas del Estado para alcanzar el objetivo de déficit solicitado por Europa. José Vicéns y Eva Otero, investigadores del Instituto Klein, publicaron el año pasado una evaluación de previsiones económicas sobre Europa en la que aseguran que en sus previsiones existe sesgo. Mientras que en periodo de crecimiento las predicciones tienden a infravalorar los datos reales, durante las crisis se observa un sesgo al alza. Lo peor de los agoreros, como Moscovici, es que destruyen la confianza y contribuyen a que sus nefastas profecías se cumplan. Parece que este miembro del partido socialista francés quiera ayudar al PSOE cuando siembra incertidumbre en nuestra economía a dos meses de los comicios. Aunque Juncker, presidente de la Comisión, reprendió a este comisario por sus comentarios sobre el déficit de España, el mal ya está hecho. Yo creo más a De Guindos que a Moscovici. Como dice el refrán: más sabe el necio en su casa que el cuerdo en la ajena.


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