17
may
Periodicos del Grupo Vocento

La irrefutable investigación de Daron Acemoglu que sirvió de base al bestseller ‘Por qué fracasan los paí- ses’ explica los motivos por los que en España hay regiones pobres y ricas. No hay que culpar al destino de nuestra desgracia o fortuna, ni mucho menos al clima. La clave reside en que las naciones dispongan de una legislación que promueva la libertad económica y que posibilite el protagonismo de la sociedad civil. La potencialidad de los ciudadanos se activa y su iniciativa se dinamiza en la medida en que el intervencionismo del Estado es menor y, por consiguiente, la liberalización de la economía es mayor. Esto incentiva el esfuerzo para generar riqueza y empleo.

El sistema autonómico ha permitido esclarecer la eficiencia de sus gobiernos. Las comunidades autónomas que han apostado por el intervencionismo e impuestos altos lo están pagando muy caro. El Índice de la Libertad Económica en España 2015, que publicó el think tank Civismo la semana pasada, muestra que existe una clara correlación entre la libertad económica y la riqueza, hasta el punto de que el PIB per cápita en la región más libre, Madrid, duplica al de la región más intervenida (Extremadura). Asimismo, la tasa de paro también es mucho menor en las regiones que disfrutan de una menor presión administrativa (Madrid, Baleares, La Rioja) que en las que sufren un mayor peso del sector público (Asturias, Andalucía y Extremadura), con una diferencia nada desdeñable de 8,4 puntos de media. Por último, la libertad económica repercute fuertemente en el crecimiento econó- mico. Entre 2010 y 2014, por asemejar el periodo de una legislatura, la actividad económica nacional ha caído un 2,55%. Sin embargo, este impacto ha sido muy distinto en el conjunto de España. Por ejemplo, Baleares experimentó un crecimiento del PIB del 1,2%, mientras que Canarias apenas vivió un descenso del 0,16% y Madrid, del 0,41%. En sentido contrario, las tres comunidades más intervencionistas sufrieron un descalabro medio del 4,1%, casi el doble que la nación.

Aunque la prosperidad o el empleo dependa también de la voluntad emprendedora de los propios ciudadanos, el Estado tiene una misión insoslayable: propiciar la vida de las empresas. Ante las elecciones debemos valorar si preferimos líderes que gasten en una administración hipertrofiada que controle todo o si es mejor confiar en quienes han demostrado que van a dejar en paz a los que de verdad saben y que, además, arriesgan su dinero.

En este sentido, los esfuerzos de Madrid por permanecer en el primer puesto del ranking desde la primera edición (2008) son encomiables, y algo similar puede decirse de Baleares, La Rioja, Comunidad Valenciana y Canarias. En la zona media, Navarra, País Vasco, Murcia y Castilla y León se han visto muy descolgadas con el paso de los años. El caso navarro se explica al haber estado su Ejecutivo en minoría. En sentido contrario, Aragón ha experimentado una notable mejoría de cinco puestos desde 2013, mientras que Cantabria apenas experimenta modificaciones. Finalmente, Cataluña, Galicia, Castilla-La Mancha, Asturias, Andalucía y Extremadura permanecen en las últimas posiciones


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