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Vladimir Putin está quemando el exceso de gas que no exporta a los países europeos, especialmente el que ahora no da salida a través del Nord Stream 1 que termina en Alemania. Como no lo puede almacenar, directamente, decide prenderle fuego. Este hallazgo lo han desvelado unas imágenes satelitales del sistema de monitoreo de incendios de la NASA, que muestran las llamas en la estación compresora de Portovaya, propiedad de Gazprom, y lo ha corroborado de forma independiente la cadena británica BBC. La quema se está llevando a cabo en una planta cerca de la frontera con Finlandia, donde está ardiendo gas con un valor estimado de diez millones de dólares al día. Esta situación que, por desgracia, está ocurriendo, encarna el desafío que enfrenta Europa a medida que se acerca el otoño: Putin quema gas mientras el continente se prepara para un invierno de descontento provocado por los precios desorbitados de la energía. El ataque de Putin a Ucrania ha puesto de manifiesto la necesidad de más bienes públicos paneuropeos y de encontrar la manera de que Europa pueda reaccionar de forma conjunta, sobre todo en materia de seguridad e independencia energética. Tras este contexto desalentador, se refuerza la toma de conciencia que ya estaba calando en la mente política gracias a la pandemia y a la crisis climática, según informa Martín Sandbu para el Financial Times.

Visto lo visto y sin más dilación, la UE tiene que prepararse para hacer frente al aumento de los precios de la energía que se prevén con la revisión del mercado eléctrico. Los altos precios que se esperan durante la temporada de calefacción en este próximo invierno hacen saltar las alarmas a una gran parte de la sociedad europea con más de una pregunta pesimista a medida que disminuye el acceso a los recursos rusos. Se espera que las presiones sobre los precios de la energía empeoren una vez que los europeos comiencen a encender la calefacción.

Desde Bruselas, los funcionarios europeos continúan preparando planes para revisar cómo se fija el precio de la electricidad del continente en un esfuerzo por brindar algo de alivio a los consumidores a medida que aumentan los costos de energía antes del periodo invernal. Estos planes preventivos son parte de un esfuerzo extra por parte de la Unión Europea de cara a hacer frente a los meses de más frío del año con acceso limitado a la energía rusa según un artículo de Kim Mackrael para el Wall Street Journal.

Sin previo aviso, desde los países colindantes hasta más allá del océano atlántico, las dolientes consecuencias entre todos y cada uno de ellos están causando estragos en sus economías, tanto a nivel personal como en su tejido empresarial. Por este motivo, sería un error dejar que la crisis segmentara todavía más los intereses particulares de cada territorio. Putin controla y sabe manejar la situación ya que es muy consciente de que está militarizando los precios del gas. Incluso se podría decir que es el gran arma que muerde entre sus dientes y utiliza contra todos aquellos que no han apoyado —desde hace ya seis meses— su operación invasiva. Es el momento de unir los recursos para ayudar a Ucrania e intentar salir lo antes posible de este conflicto que ya trasciende a una escala global.

No obstante, la UE está tratando de frenar rápidamente su dependencia de la energía rusa en respuesta a la invasión de Ucrania por parte de Moscú y la guerra en curso. Los funcionarios dicen que ya no ven a Rusia como un proveedor confiable y están tratando de encontrar fuentes alternativas mientras fomentan la conservación.

La Comisión Europea junto con Ursula von der Leyen, dijo anteriormente que estudiaría las posibilidades de renovar el mercado energético europeo. Los líderes de países como España y Francia han presionado por cambios durante el año pasado, pero la comisión hasta hace poco se resistió a la idea: “Los precios de la electricidad que se disparan ahora están exponiendo las limitaciones de nuestro diseño actual del mercado de la electricidad”, dijo la Sra. von der Leyen en un discurso en Eslovenia según el Wall Street Journal.

En otros lugares, los espectros políticos de la crisis de la eurozona han comenzado a aparecer de nuevo. Las sospechas sobre cómo Italia está gastando el dinero de su fondo de recuperación no es un tema ajeno a lo que está pasando. Se pueden escuchar quejas de que Berlín no se ha desprendido de sus “instintos tacaños” cuando se trata de la ayuda financiera de la UE para Ucrania. Y en España —anteriormente duramente golpeada por las crisis pero hoy relativamente bien situada con su gran capacidad de importación de gas— a los políticos les resulta difícil no invertir las viejas lecciones de Alemania, acusándola de vivir por encima de sus posibilidades (energéticas) según indica el Financial Times.

Para comprender con más profundidad la estrategia de Putin, los precios de la electricidad en Europa se establecen en función de la oferta y la demanda de energía en general, independientemente de la fuente de energía. Eso significa que los altos precios del gas natural influyen directamente en el precio general de la electricidad, aunque parte de la electricidad se produce a un costo menor a partir de otras fuentes, como las energías renovables. Y esto concluye en que cuanta más calefacción se utilice, más cara será la factura del gas y la electricidad, según añade el Wall Street Journal.

En definitiva, esta tormenta perfecta hace que el invierno sea de división y, por tanto, de indecisión.  Y por supuesto, ese es el objetivo de Putin: dividir y vencer. Sin embargo, Europa tendrá que estar para construir y ganar. Mientras Europa se mantenga dividida en sus decisiones y no hable con una voz única, la irrelevancia de la Unión Europea en el mundo seguirá creciendo, a la par que será rentabilizada hoy por Putin y mañana por China. La crisis de la energía es una gran oportunidad para dejar a un lado los egos de los estadistas comunitarios, quienes no hacen nada para que evolucione unos soberanismos europeos que no han asumido una globalización imparable y en plenitud. Si Europa resulta ya una zona demasiado pequeña ante el coloso asiático y Estados Unidos, los países europeos lo son todavía más. Si pretendemos que los orientales y yanques nos tomen en serio, Europa debe funcionar en sus relaciones exteriores como un bloque monolítico.


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