02
jul
Actualidad Económica

El proyecto del Gobierno de Pedro Sánchez de elevar las bases de cotización a la Seguridad Social a aquellos trabajadores que ganen más de 45.000 euros brutos al año, sin que tal subida permita a los afectados cobrar pensiones más altas, supondría, de llevarse a la práctica, un duro golpe a los ingresos de muchas personas en nuestro país. No se busque en la propuesta ningún principio de lógica económica o de equidad. Se trata de una medida recaudatoria pura y dura, que hay que enmarcar en la obsesión del Estado por conseguir ingresos a cualquier precio. Como el sistema público de pensiones está en quiebra y no se quiere realizar reformas que puedan resultar impopulares, se intenta apuntalar el modelo elevando la carga (ya muy alta, por cierto) que soportan los trabajadores y las empresas. Y para ello se disfraza como una subida de cotizaciones lo que es un auténtico impuesto, cuyo pago no ofrece contraprestación directa alguna a quien lo soporta.

¿Quién va a pagar realmente el nuevo tributo? Solo desde la ignorancia o la mala fe cabe afirmar que, como lo que va a crecer básicamente van a ser las denominadas cuotas empresariales, serán los empleadores los que vean reducidos sus beneficios en una cantidad equivalente a la cuantía de la subida. Pero, como cualquier economista sabe, al margen de quién soporte la carga formalmente, esta se repartirá entre los trabajadores y los empresarios.

Las variables más relevantes para un empleador a la hora de contratar o no a una determinada persona son, por una parte, su aportación esperada al producto generado por la empresa; y, por otra, el coste del nuevo trabajador, que no incluye únicamente el salario, sino también la cotización a la Seguridad Social. Si esta aumenta, la demanda de trabajo se reduce; y tanto la contratación como los salarios tienden a bajar.

El trabajador que gane más de 45.000 euros al año va a experimentar, por tanto, una reducción de su salario; y esto a cambio de nada, ya que ninguna mejora va a conseguir en su pensión futura que, con toda certeza, continuará reduciéndose, en términos reales, en los próximos años. ¡Sálvese quien pueda! 


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