01
oct

Esa frase la dijo Ronald Reagan, el presidente mejor valorado a la vez por republicanos y demócratas, y expresa el ‘roto’ que hacen los políticos cuando se entrometen en lo que no saben. La ineptitud resulta más peligrosa para el bienestar de los ciudadanos que la peor crisis económica. Es deplorable que, con frecuencia, los nombramientos de libre designación de los cargos de los gobiernos o de la Administración no se otorguen por méritos profesionales objetivos, sino por componendas políticas. Cuando, además de carecer de formación y experiencia, el agraciado quiere impresionar, se vuelve muy activo. Entonces, el desastre suele adquirir mayores proporciones que si fuera holgazán.

Contaré un ejemplo foráneo, por si ayuda a evitar errores aquí. Pedro Sánchez cuando llegó a Moncloa, colocó a su exjefe de gabinete en la presidencia de Correos, con 200.000 euros de sueldo. Lo peor reside en que esa empresa estaba en pérdidas y necesitaba transformarse para poder competir. El nuevo presidente, una persona sin currículum de alta gestión ni experiencia en el sector, nada más llegar, pagó su bisoñez: subió un 9% los salarios, a pesar de que, hacía tan solo unos días, se había cerrado un difícil acuerdo con los sindicatos. ¿Habría hecho esto una persona que hubiera dirigido antes una empresa parecida? Mucho me temo que decisiones tan lesivas para el dinero de todos las pueda tomar el nuevo Ejecutivo foral.

Un predictor bastante fiable de cómo se desarrollará la eficiencia en la gestión pública de un nuevo cargo es lo que ha logrado antes. Cuando alguien no ha sabido administrarse bien en lo personal, parece improbable que lo haga mejor cuando tenga un alto puesto. El pacto del pentapartito foral ha llevado a un reparto del botín de nombramientos que despierta serias dudas en bastantes casos.

La preocupación que debieran tener los consejeros y directores generales que gestionan más presupuesto es preparar a Navarra para la crisis que se advierte. Ésta, inevitablemente nos va a afectar, porque dependemos de la situación nacional, de la europea (sobre todo), de China y de EEUU. Para disponerse ante una coyuntura económica adversa, en la que no podremos tirar a capricho de la deuda, resulta esencial contener el gasto público. Las partidas de personal, al ser estructurales, son las que pueden comprometer nuestro bienestar cuando vengan las vacas flacas. No es buena señal el aumento de los cargos forales.

La única gran ventaja competitiva que Navarra tenía como región era la posibilidad de unos tributos más reducidos que los exigidos por otras comunidades. Lamentablemente, el cuatripartito anterior hizo de una fortaleza para atraer inversión un motivo de rechazo, al ser nuestros impuestos los más altos en conjunto de la nación. Sin duda el más contraproducente es el del Patrimonio. Este tributo, puede costarnos mucho más que la pequeña cantidad que se recauda, pues se pierden unas declaraciones por IRPF de quienes se marchan, con las que se obtendrían ingresos fiscales más altos.

Una buena prueba es que, en 2018, los contribuyentes en Navarra de más de 180.000 euros bajaron un 10%, pasando de 738 un año antes a 660, tras la entrada en vigor de la reforma fiscal. Termino con una frase de Reagan, que caricaturiza la actitud de esos políticos que se jactan de saber dirigir la economía y la arruinan: “La visión del Gobierno sobre la economía se podría resumir en esta frase: “Si se mueve, ponle impuestos; si se sigue moviendo, regúlala. Y si deja de moverse, subsídiala”.


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