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Expansión

Ayer conocimos la Encuesta de Población Activa (EPA) del primer trimestre de este año. Entre enero y marzo, la población ocupada se ha reducido en 137.500 personas. Toda la destrucción de empleo se produce en el sector privado, que pierde 155.800 ocupados. Mientras tanto, el empleo público aumentó en 18.300 personas. Por comunidades autónomas, aumenta el número de ocupados en Madrid (+40.400), Cataluña (+33.300) y Cantabria (+1.200). En el resto de las comunidades autónomas, se destruye empleo.

Reducción de la población activa

A la reducción de la ocupación, se une la disminución de la población activa: 203.400 personas menos que en el cuarto trimestre. Este abandono del mercado de trabajo se debe a diversas causas. En primer lugar, no se puede utilizar ningún método de búsqueda de empleo porque han cerrado algunas empresas que tienen capacidad para contratar.

Por otro lado, los trabajadores invierten más tiempo en formarse en un contexto de cambio tecnológico profundo y rápido. Asimismo, en esta situación, hay personas que se tienen que dedicar a cuidar a dependientes de su propia familia (niños, ancianos, discapacitados). También hay trabajadores que deciden integrarse en la economía sumergida.

Finalmente, hay un porcentaje significativo de nuestra fuerza laboral que se ha desplazado a otros países que tenían sus fronteras abiertas. Precisamente, el INE acaba de informar de que el número de personas con nacionalidad española que reside en el extranjero mantiene su tendencia al alza El 1 de enero de 2021 era de 2.654.723. Esta cifra supone un incremento del 1,4% (36.131 personas) respecto a los datos a 1 de enero de 2020.

El paro juvenil

Algo similar ocurre en el mercado de trabajo juvenil, en el que desde hace tiempo se vienen produciendo reducciones en la ocupación y la actividad. Así, en el primer trimestre de este año, la ocupación de personas de entre 16 y 24 años se redujo en 11.100 personas, y la actividad en 32.500. Sigue siendo muy preocupante la baja participación en el mercado de trabajo de jóvenes de entre 16 y 24 años. Estamos en unas cifras de ocupación muy por debajo de los países del centro de Europa o de los países escandinavos. La tasa de paro juvenil sigue siendo muy alta, el 39,6%, (frente al 34% del primer trimestre de 2019 y al 17% de la Unión Europea). Para aumentar la participación de los jóvenes en el mercado de trabajo y reducir el paro, se necesita aumentar las políticas activas de empleo y de formación.

No se debe olvidar que en el mercado laboral de los jóvenes hay un alto número de graduados. Desde hace tiempo, las universidades españolas están produciendo más graduados de los que la sociedad es capaz de asumir. Cada vez son más numerosos los licenciados que no encuentran trabajo en las profesiones para las que están preparados. Como consecuencia, buscan y encuentran trabajo en el extranjero, o bien en sectores y puestos para los que están sobrecualificados. Les gustaría ejercer su profesión, pero el overbooking les obliga a salir del país o a quedarse en España, conformándose con las migajas que les deja el mercado laboral. Desgraciadamente, esas migajas están pensadas para personas que tienen una cualificación adecuada para ese puesto. Pero el empleador prefiere al graduado universitario, pues tiene mayor capacidad de aprender.

En este sentido, la emigración es una válvula de escape que permite conservar la paz social. Otros jóvenes que, en cambio, se quedan en España y se sienten privados del acceso al trabajo, padecen una profunda insatisfacción vital. Eso les incita a no comprometerse con la estabilidad del sistema, incluso podrían conspirar activamente para destruirlo. Esa supuesta revolución de jóvenes descontentos explica, en gran medida, que estemos evolucionando hacia una sociedad cada vez más convulsa, violenta e inestable. Un ejemplo son los altercados callejeros que se observaron en diversas ciudades españolas, y también en otras partes del mundo, por distintas causas: las medidas de seguridad sanitaria, el ingreso en prisión del rapero Hasél¸ determinadas ideologías nacionalistas, euroescépticas, o cualquier otro motivo.

Negro futuro

Como ha señalado recientemente Juan Cruz (expresidente del Senado), “son los más jóvenes los que más han sufrido el prolongado encierro como consecuencia de la pandemia (estudios científicos muestran que son ellos los que más han sufrido estrés, insomnio y ansiedad). Como también cabe mencionar la desesperación de esos mismos jóvenes ante el negro futuro
que les aguarda en muchos planos de su vida, desesperación por lo demás perfectamente justificada”. En cambio, la mayoría de esos jóvenes radicales, en cuanto acceden al mercado laboral, se convierten en ciudadanos cada vez más moderados y proclives a la corrección política, como ha ocurrido en todas las épocas históricas.

Para fomentar la incorporación de estos jóvenes al mercado de laboral, se debe cambiar el sistema educativo para adaptarlo y vincularlo con las necesidades del sistema productivo. Con esa mejora del capital humano, a medio plazo, se conseguiría más empleo, más productividad y mayores salarios. La nueva época en la que nos estamos metiendo exige que cada ciudadano ejerza su responsabilidad personal y adquiera las capacidades que requiere un mercado laboral cambiante. El remedio no es seguir poniendo parches subsidiando, sino generar mayor valor añadido mediante un empleo de calidad. Una mano de obra, también la juvenil, más acorde con lo que demandan las empresas impulsará ese mayor crecimiento económico que España tanto necesita.


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