07
abr
Expansión

Probablemente, la recesión de la economía española va a ser peor que la de 2008 por tres razones: 1) Concierne a un porcentaje mayor del tejido productivo. 2) Afecta a los países a los que exportamos, lo que llevará a que nos compren menos. 3) La crisis nos llega con las cuentas públicas en una situación lamentable. Recordemos tres indicadores básicos que reflejan un desequilibrio financiero: el déficit, la deuda y el crecimiento. Aunque Nadia Calviño se comprometió a reducir el déficit del 1,3%, la realidad es que hizo lo contrario: lo dobló, llegando a 2,7% en 2019. Este diferencial se debe a que se inflaron en 6.000 millones los ingresos estimados. Este pretendido subidón fiscal del 4,6% se quedó en un 2%. La deuda pública continuó disparada en 2019, al cerrarse el año en el 95,5% del PIB, cuando lo prometido era un 94,9%. También el crecimiento de nuestra economía bajó cuatro décimas el año pasado respecto a 2018, quedándose en un 2,0%.

Estos pésimos datos macroeconómicos son la consecuencia de medidas gubernamentales que aumentaban el gasto y perjudicaban la productividad, el empleo y la competitividad de las exportaciones. Entre ellas están: la subida del salario mínimo, la indexación de las pensiones al IPC, el aumento de sueldo a los funcionarios y que creciera el tamaño de la Administración y el colectivo de cargos públicos. La conclusión es clara: hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y nuestra economía, con tanto despilfarro clientelista, se ha debilitado. Ahora, ante la recesión provocada por el Covid-19, Sánchez reclama solidaridad a Bruselas y dice que “Europa no puede fallar esta vez”. Hay que tener caradura, porque es España la que ha quebrantado varias veces el Pacto de Estabilidad. Esos países norteños que se resisten a emitir eurobonos están legitimados a oponerse, porque prefirieron evitar el déficit y reducir su deuda mediante una austeridad que les restaba bienestar, algo que aquí no se hizo, a pesar de tener las cuentas peor.

A pesar de esas negativas, los eurobonos llegarán, pero será a cambio de la intervención de las economías por parte de la Comisión Europea. La razón para aprobar los ‘coronabonos’ no será por gusto, sino para favorecer la supervivencia comunitaria. Después de la salida de Reino Unido, la UE no puede debilitarse más. Europa debe frenar su creciente irrelevancia ante un mundo en el que el poder se lo reparten, cada vez más, Estados Unidos y China.

En la situación política en la que nos encontramos, los “hombres de negro” de Bruselas arrojarían menos riesgos para España que la tropa que nos gobierna. El peligro peor no es una intervención europea, sino depender de un Gobierno dividido y enfrentado, rehén de unos partidos que quieren fracturar la nación, del que forma parte un partido proclive a la nacionalización de la economía. ¡Eso sí que es una amenaza grave! Nadie invierte donde la propiedad privada está cuestionada por parte del Ejecutivo.

La economía no entiende de ‘posverdades’

Quizá haya demasiado ciudadano que, dada la dimensión de la tragedia sanitaria, no se opondrá a un plan de emergencia que lesione el libre mercado. Sin embargo, este conformismo se ha conseguido desde el engaño de la formidable maquinaria de propaganda, básicamente audiovisual, que tiene el Ejecutivo a su disposición. Quien no emplee a fondo su espíritu crítico quedará persuadido de la oportunidad de las decisiones del Gobierno. Aunque nunca se mintió tanto y tan bien como ahora, la economía no entiende de posverdades. Si no nos sometemos a la austeridad que nos dicten, al final la realidad se impondrá y lo pagaremos muy caro y por mucho tiempo.

Si se desea que la crisis dure poco tiempo y nuestra prima de riesgo no se dispare, es esencial generar confianza en nuestra economía. España no es Alemania, pero convendría que se formase un Gobierno de concentración de los partidos que, sin fisuras, aprueban la Constitución (PSOE, PP, Vox y Cs). Quizá unos Pactos de la Moncloa debieran tener esa finalidad. Si lo hubiera, sería deseable que los partidos consensuasen la elección de un nuevo presidente que tuviera credibilidad y prestigio, quien a su vez escogiera a ministros con perfil profesional. Ese Ejecutivo debiera permanecer el tiempo que requiera la recuperación económica. Toda la nación sabe que ahora toca asegurar su viabilidad. Ojalá ese Gobierno de emergencia nacional se atreviera a reconfigurar el Estado autonómico para asegurar la sostenibilidad a largo plazo que necesita España.


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