08
feb
OkDiario

La economía francesa cierra el año con un crecimiento más moderado que el registrado al cierre del año pasado. El PIB se ha visto bastante paralizado por varios factores, entre los que debe incluirse las protestas que se dieron en el país galo ante las reformas en las pensiones que anunciaba el mandatario francés, Emmanuel Macron, y que dieron lugar prácticamente a una revuelta social. Unas movilizaciones que paralizaron el país durante días, dañando la actividad económica.

Si atendemos a los datos, mientras que en 2018 el país estaba creciendo a ritmos cercanos al 1,87%,el cierre de 2019 arrojaba una moderación en los crecimientos que ha lastrado el nivel de PIB hasta alcanzar el 1,2%. Un nivel que, atendiendo a la desaceleración económica, no es pasmoso, pero sí muestra una menor dinamización de la economía francesa. El peor comportamiento de la economía francesa a cierre de año, tras conocerse los registros oficiales, provocaron esta ralentización.

De acuerdo con la serie histórica, este registro en el crecimiento sitúa a Francia en su peor nivel desde 2013, justo cuando la economía europea comenzaba a recuperar el dinamismo perdido durante los años de crisis.

El cuarto trimestre fue bastante significativo para la economía francesa. La paralización de la actividad económica, así como otras variables entre las que destacan el consumo o la inversión, han provocado un menor dinamismo del crecimiento. No obstante, las previsiones que arroja el FMI sitúan el avance del PIB del 1,3% para los próximos años.

Por otro lado, otra serie de variables, como pueden ser las importaciones y exportaciones en el país, así como la aportación de ambos al sector exterior y, por ende, al PIB, tampoco ha tenido un comportamiento favorable. Esto, sumado a las otras variables ya mencionadas, como son el consumo y esa paralización de la actividad por las protestas de la sociedad civil, han acabado lastrando en un 0,1% el PIB galo. Un crecimiento que no registraba la economía francesa, como decíamos, desde las fechas previas a la salida de la crisis financiera de 2008.

Una situación que también ha tenido un impacto directo en la producción. Si atendemos a la producción industrial, el 2019 no ha sido un año nada boyante para la economía francesa. Al menos en contraste con los datos de 2018, donde podemos ver la diferencia en los PMIs, así como la delgada línea que le salvaba de la contracción que, por otro lado, sí se estaba percibiendo en otros países de la Unión Europea. Una situación que, pese a la disipación de diversos focos de incertidumbre así como de los riesgos que podían afectar a la economía, no ha conseguido evitarse.

Al margen, seguimos hablando de un factor que podríamos considerar coyuntural, pues la crispación de las protestas no deja de mostrarnos que la contracción ha sido temporal. Atendiendo a otros datos como el empleo, podemos observar como la economía francesa no presenta indicadores que muestren un gran desequilibrio estructural en su mercado laboral.

Pese a soportar, junto a Italia y España, el mayor grosor del desempleo europeo, el país no ha dejado de reducir el indicador, mostrando un mejor comportamiento del mercado laboral. Algo que, sin embargo, no ha ocurrido con la deuda, que se ha incrementado hasta rozar el 100% del PIB.

La recuperación de la economía europea confirmará su gradualidad en los próximos meses. Ya estamos siendo testigos del peor comportamiento de economías que, al igual que Francia, han cerrado el año por debajo de sus expectativas. La situación en la Unión Europea es bastante arriesgada, pues los niveles de endeudamiento son bastante elevados, mientras que los tipos de interés y el margen de maniobra para adoptar nuevas políticas expansivas siguen siendo muy limitados. Ahora bien, de retirar la aplicación de esas políticas tan acomodaticias ante semejantes, y tan bajos, crecimientos podríamos estar ante el principal reto del bloque comunitario.


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