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ene
Murcia Plaza

A menudo nos referimos a los años veinte del siglo pasado como los ‘felices años veinte’ dado que se caracterizaron por un periodo de prosperidad económica, paz, desarrollo e invenciones casi sin precedentes. Pues bien, son muchos los que señalan que ha dado comienzo una época de características similares.

Así puede parecer a la vista de los grandes acontecimientos de la década pasada que fueron en su mayoría de signo negativo. La década pasada fue ciertamente desconcertante en el panorama internacional, con la Primavera Árabe, la Guerra de Siria y el surgimiento de Daesh, el Brexit o la victoria de Donald Trump. En el ámbito doméstico, sin embargo, la Era Zapatero dio paso a una España liderada por un PP en modo gestor que, junto con Merkel y los hombres de negro de la UE, sacaron a España del sumidero económico en el que nos habían dejado el PSOE y la burbuja inmobiliaria. Los primeros cinco o seis años fueron de crisis, ajustes y austeridad, pero la situación se revertió con esfuerzo y los españoles comenzaron a ver la luz al final del túnel. El contraste con lo acontecido en los últimos años es tal que en verdad pareciera que estamos en un tiempo nuevo. Un tiempo más feliz.

Sin embargo, nada parece apuntar los años veinte del presente siglo vayan a ser, en absoluto, “felices”. La sociedad internacional, por naturaleza anárquica y cada vez más multipolar, traerá consigo tensiones acentuadas por el retraimiento de unos Estados Unidos que, casi con total seguridad, seguirán bajo la batuta de Trump. La Unión Europea verá por fin las consecuencias de la pérdida de uno de sus principales socios, Reino Unido, y España pasará penurias en lo político y lo económico. El panorama económico apunta peligrosamente hacia la penuria ante la desaceleración económica global y la carta a los Reyes Magos que conforma el programa económico del PSOE y Unidas Podemos. Y, en lo político, comprobaremos cómo otorgar el gobierno del país a quienes quieren destruirlo no sale gratis. ¿Felices años veinte? No lo parece.

Cabe hallar, no obstante, cierto consuelo en el hecho de que ninguna época lo es plenamente, en realidad, aunque, como apunta el refranero, mal de muchos, consuelo de tontos. Tampoco lo fue la del siglo pasado, pues la prosperidad llevó al desenfreno, el desarrollo a la especulación, y el hedonismo a la soberbia. Y todo esto en el epicentro mismo de la euforia colectiva a la que me refiero, eminentemente estadounidense. Sólo así se explica el Crack del 29 y la Gran Depresión. Tampoco es casualidad que la ‘década feliz’ diera paso a las del horror del nazismo, el fascismo y la Segunda Guerra Mundial. Además, mientras occidente disfrutaba de aquella sensación artificial de felicidad, en Rusia triunfaba el comunismo. En la Unión Soviética fueron los comunistas años veinte que ahora parecen llegar a España con la entrada de Podemos en el Gobierno. Tan sólo resta esperar que el rechazo de sus presupuestos generales (tendremos los de Montoro in sæcula sæculorum) o la inestabilidad del nuevo gobierno, lleven a unas elecciones de las que, para variar, se desprenda una aritmética parlamentaria que contribuya a crear, y preservar, una mayor libertad y una mejor España.


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