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Republica.com

Vuelan los improperios y las acusaciones. Un semanario polaco publica una portada en la que la señora Merkel y otros dirigentes europeos, Juncker etc… se afanan vestidos de nazis sobre una mesa en una composición que recuerda una conocida foto de Hitler y sus colaboradores. El ministro de Justicia de Polonia, Ziobro revolviéndose contra acusaciones alemanas que indican que Varsovia traba la libertad de prensa, contraataca con dureza: ”he llegado a la conclusión que les es más fácil hablar de amenazas ficticias a la libertad de expresión en otros países que condenar la censura impuesta en el propio”.

Al hablar de censura, Ziobro se refería a la tardía reacción germana a los asaltos a centenares de mujeres en la despedida del año en Colonia. Hay consenso en que los medios de información tardaron en reflejarlo, o lo minimizaron en principio, y que la policía actuó con desusada lentitud e impericia.

Parece claro que la causa de esta inusitada conducta alemana es el temor extendido en políticos, instituciones y, en definitiva, en el colectivo alemán de ser tachados de racistas, en este caso de islamófobos. Hay que purgar el antisemitismo de la época nazi. El tema, con todo, no va a desaparecer de la prensa. Los medios de información dan cuenta de que en países sin pasado nazi, Suecia, Gran Bretaña también se han dado repetidos abusos cometidos por gamberros islamistas y las autoridades han optado por no darles relevancia. En Inglaterra en la ciudad de Rotherham, unas 1400 denuncias de jóvenes en seis años por abusos de pakistaníes, y a lo largo de los dos últimos años en Suecia, donde el hecho produce ya un remolino político, por jóvenes islámicos refugiados.

Que haya refugiados entre todos los sospechosos da una delicada dimensión al tema y produce una división entre la llamada progresía y las mentalidades más conservadoras. Estas últimas se preguntan si el multiculturalismo y el ansia por aparecer como políticamente correcto deben primar sobre la defensa de la mujer y el feminismo. La frase de la alcaldesa de Colonia diciendo que las jóvenes deben intentar “pasar a distancia” de esos varones sospechosos de aspecto norteafricano ha producido irritación y en algún caso comentarios sarcásticos por la dejación que implica de las obligaciones de un Estado. La feminista alemana Alice Schwarzer declara que su país ha estado ingenuamente importando violencia machista y antisemitismo.

Todo esto hace crecer inevitablemente la xenofobia y aumentará la desconfianza hacia los refugiados que en su inmensa mayoría son inocentes de cualquier desmán. Las autoridades, sin embargo, se percatan de que la actitud envidiablemente solidaria de su población hacia los recién llegados, en Alemania, en Suecia…empieza a cambiar. Este giro, si se repitieran los desmanes, tendría pronto efecto en las urnas.

Ahora bien, ¿quién para a los millones de personas que siguen queriendo entrar en Europa a la vista de la penosa situación que viven sus zonas? ¿Cómo se cierra el pasadizo turco? Ankara hasta ahora no ha sabido o podido reducir sensiblemente la estampida a pesar de los 3,000 millones de Euros prometidos por Bruselas ¿Cómo incluso se expulsa a los que invaden Europa sólo por razones económicas y no bélicas?


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