28
sep
Periodicos del Grupo Vocento

Los políticos suelen sostener en su discurso el elogio del pequeño emprendedor, su deseo de proteger las pymes y el apoyo a los pequeños establecimientos de barrio. Quienes nos gobiernan son conscientes de que con esta estrategia de marketing pueden granjearse un mayor apoyo popular… y obtener más votos. Por el contrario, muchas veces atacan a las grandes empresas o critican sus decisiones. Este tipo de posiciones corren el riesgo de deslizarse por la pendiente populista, en la que cada vez se exige más a las grandes compañías «porque ellas pueden pagarlo». El problema es que cuando estas grandes empresas se hartan de exigencias autonómicas poco razonables, se se acaban marchando o reducen su plantilla, con lo que la región se empobrece.

Este tipo de políticas son, además, un error, porque las grandes empresas son también las más productivas. Como cuentan con más trabajadores, cada uno se puede especializar en áreas más concretas y de más nivel. De acuerdo con Eurostat, un trabajador en una gran empresa genera el mismo valor añadido que 3,1 empleados de una microempresa, lo que a su vez se traduce en más innovación, mayores sueldos y mejores condiciones laborales. De hecho, algunos economistas muy destacados como Luis Garicano, de la London School of Economics, afirman que si España tuviera el mismo número de trabajadores que Europa en las grandes compañías, sería más productiva que Alemania.

Hecho este alegato a favor de la gran empresa, queda ver cómo lo ha hecho España en este campo… y los resultados son dispares. Por un lado, el número de compañías con más de 200 trabajadores se ha reducido ligeramente en 2014 respecto al año anterior (de 5.075 a 5.032), pero el número de empresas con más de mil empleados ha aumentado en 62, lo que hace suponer que una buena parte de las grandes empresas está creando empleo.

Más en detalle, entre las comunidades que más aumentan el número de grandes corporaciones (más de mil trabajadores) se encuentran
algunas como Extremadura, País Vasco, Cantabria, Aragón y Comunidad Valenciana. Este crecimiento de grandes compañías es a costa de un mayor descenso de las empresas de más de 200 trabajadores. La reducción de la base de la pirámide de actividad implica una mayor dificultad para mantener estos logros en años posteriores. En segundo lugar, regiones como La Rioja, Canarias o Baleares también pierden empresas de más de 200 trabajadores, pero el desarrollo de mayores compañías puede compensar esta caída.

En tercer lugar, se sitúan las regiones que salen ganando en el conjunto de ambos apartados: Andalucía, Castilla-La Mancha, Asturias, Madrid, y Castilla y León. El caso de Madrid es diametralmente opuesto al de Cataluña, donde buena parte de las grandes empresas han optado por deslocalizar su sede, por temor a un eventual referéndum y a la escalada independentista. Así, Cataluña pierde un 1,7% de sus mayores corporaciones, seguida de Galicia y Murcia. El caso de Murcia, sin embargo, no es tan negativo porque algunas de sus medianas empresas han conseguido ascender a la categoría de grandes. Y finalmente, Navarra, que ha perdido un 1,9% de las compañías de más de 200 trabajadores, aunque la cifra de grandes compañías se ha mantenido estable. Nos gusten o no, las grandes empresas son las grandes fuentes de riqueza y empleo de una región.


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