04
jun

Pedro Sánchez lo disimula mucho, pero aún no tiene garantizado seguir siendo presidente del Gobierno. Y si no calibra bien el juego de apuestas postelectorales, habrá nuevos comicios. Creo que lo sabe. Pero, tal vez, lo que no sepa es controlar sus instintos y los de su tropa. Todo está en el aire. Quince capitales de provincia, cinco o seis comunidades autónomas, y el propio Gobierno del país tienen que decidirse en las próximas semanas. Por el camino, con un poco de suerte, también se decantarán varios cientos de ayuntamientos menores. Se trata del panorama más flexible que hemos tenido desde la Transición.

El problema que carcome los nervios de los políticos (y de muchos navarros) estriba en que hay demasiadas variables, y encima, los protagonistas se empeñan en confundirlas. Luego, algunos medios de comunicación aportan su capa de manipulación a lo que ha dicho, o quiere, o hace cada uno, y ya tenemos la macedonia servida. Encontrar la solución óptima resulta complicado. Como haría un buen economista, repasemos las restricciones, a ver si adivinamos por dónde van a discurrir los acontecimientos.

Un primer factor es el tiempo. La presidencia del Gobierno, las comunidades y los ayuntamientos no van a decidirse necesariamente a la vez. Es más, si no hay acuerdo respecto a la primera, se pueden repetir las elecciones, pero eso no va a pasar en el caso de los ayuntamientos (y difícilmente en el de las comunidades). El juego cambia dependiendo de lo que esté sobre la mesa, y puede ponerse muy raro si se alarga. No todos tienen miedo a una nueva cita con las urnas.

Además, el tiempo marcará si la mayoría son 174 diputados (como ahora) o 176 (lo que pasará cuando renuncien o sean absueltos los separatistas suspendidos por estar procesados). El primer escenario da más opciones a Sánchez, combinando votos de formaciones menores, pero la ventana de oportunidad se agota.

Un segundo factor lo constituyen las afinidades y las necesidades de cada uno, que analizamos recorriendo todo el espectro político de derecha a izquierda.

Vox sólo puede pactar directamente con el PP, y se niega a hacerlo con (o apoyar a) quien no se siente a negociar abiertamente con ellos, para no normalizar su posición de “apestados” de la política española.

El PNV quiere participar en el gobierno de Navarra, pero no tiene mucho que ofrecer a cambio: sus votos sólo modifican la ecuación mientras haya diputados suspensos.

El PP puede pactar con Vox y con Ciudadanos, pero en principio sólo por separado, y necesita desesperadamente mantener la Comunidad de Madrid para no asumir la debacle electoral.

Ciudadanos tiene abiertos a PSOE y PP, preferiblemente a este, pero rechaza hablar con nacionalistas, populistas, Vox o Sánchez, y pretende gobernar aunque sea en coalición, con especial interés en Navarra.

El PSOE puede pactar con Ciudadanos, Podemos, y nacionalistas no abiertamente separatistas (pero muestra pocos escrúpulos a la hora de aceptar sus votos), y desea, sobre todo, el Gobierno nacional.

Podemos es susceptible de pactar con PSOE y nacionalistas de cualquier color, y aspira a formar parte del Gobierno nacional para no convertirse en completamente irrelevante.

Bildu quiere gobernar Pamplona y cuenta con la posibilidad de dar Navarra a los socialistas.

ERC alberga la intención de que se negocie un referéndum y la excarcelación de sus presos por cualquier vía, y puede preferir tantearlo con Sánchez antes que experimentar con nuevas elecciones.

Una tercera variable es la combinatoria. A nivel estatal, Sánchez tiene la oportunidad de ser investido con el apoyo de Podemos y ERC, el de Ciudadanos, o mediante la abstención de uno de los dos bloques. Si ambos votan en contra en la segunda votación, se repiten las elecciones.

A un nivel regional, en Navarra, el PSOE puede optar entre el respaldo a Navarra Suma (Ciudadanos, UPN y PP) o un Gobierno a cuatro bandas con PNV-Geroa, Podemos e IE, apoyándose en votos de Bildu. En Castilla y León, Aragón y Murcia, Ciudadanos puede elegir sustentar gobiernos con PP o con PSOE. En Madrid (tanto en la Comunidad como en el Ayuntamiento), este partido tendría la posibilidad de escoger entre PSOE, y PP más Vox.


El actual panorama político es el más flexible desde la Transición


Centrando el foco en lo municipal, en Barcelona, Ciudadanos puede decantarse por PSOE más Podemos o asumir que el Consistorio vaya a Esquerra Republicana. En Pamplona, el PSOE puede permitir que gobierne Navarra Suma o unirse a un cuatripartito, sosteniéndose de nuevo en Bildu. En el resto de capitales de provincia y otras ciudades, no existen condicionantes graves, y los pactos vendrán marcados por las afinidades políticas y personales, dado que no hay bloques rígidos. Se sabe hasta de un pacto entre Vox y Podemos en una localidad andaluza.

Y no olvidemos que siempre existe la opción de dar un paso atrás y permitir, con abstenciones, la investidura de los más votados.

¿Qué sugiere la lógica? Sin tener acceso a información especial ni representar a nadie, la foto más plausible es la siguiente

Pactos de Estado. Resulta lógico que Sánchez quiera contar con una mayoría para gobernar, y no atarse a quien sabe tóxico para el país (Podemos y ERC). Pero también que Ciudadanos no se fíe del presidente en funciones y no le apetezca vincularse a su Gobierno. Si a ello le sumamos que hay en juego elementos demasiado serios, y que a la formación naranja le interesa mucho desmarcarse de la “foto de Colón” a la vez que mantiene su palabra, hay una solución: un acuerdo para abordar los cuatro “pactos de Estado” con más trabajo pendiente (educación, financiación autonómica, reforma electoral, y financiación de partidos, Justicia) desde las posturas ya definidas hace tres años, y permitir la investidura de Sánchez mediante una abstención en segunda vuelta… con condiciones. Muchas, y todas ellas cumplidas antes de esa investidura.

Pactos en Castilla y León, Aragón y Navarra. Cabría formar Gobierno en coalición de PSOE y Ciudadanos, en condiciones igualitarias, en Castilla y León y en Aragón (aquí añadiendo al PAR), dos comunidades cuyos líderes socialistas ya se han demostrado más centristas que populistas. Por otro lado, no sería descartable permitir que ocupe el Ejecutivo Navarra Suma en la Comunidad foral, bajo la fórmula tradicional de dejar que gobierne el partido más votado. Lo mismo en Pamplona.

Madrid: Comunidad por Ayuntamiento. Este frente se presenta más complicado. Ciudadanos prefiere pactar con el PP, pero sólo con él. Sin embargo, este partido no tiene las llaves de ninguno de estos dos Gobiernos sin Vox, y Vox quiere voz. Repetir un “pacto a la andaluza” sólo resulta posible para Cs si se ha firmado ya en Castilla y León y Aragón, y aun así, tendría su coste en la percepción de los madrileños. Si PP y Vox son capaces de llegar a un entendimiento que permita a Ciudadanos lavarse las manos, cabe un acuerdo. Si no, la alternativa pasa por pactar con el PSOE, que en Madrid no es especialmente afín, pero tampoco tóxico. En cualquiera de los dos casos, Ciudadanos podría y debería optar a encabezar uno de los Gobierno y, dada la autonomía del alcalde, parece lógico que escogiera la capital.

Barcelona es bona si el PSC sona. Aquí existe una posibilidad real de evitar que Esquerra se haga con la Ciudad Condal, pero implica trabajar con Ada Colau. Manuel Valls ha sido el primero en taparse la nariz y asumir la realidad. El PSC tendrá que ejercer de PP y tender puentes entre Ciudadanos/Valls y Colau, de modo que se construya una candidatura votable por todos los constitucionalistas. A Colau y Podemos no les caracteriza su flexibilidad, pero los morados han gobernado con PNV y Bildu en Navarra sin herniarse (o herniándose poco). El PSC es díscolo por vocación, pero si la alternativa reside en que Ciudadanos entregue Madrid al PP…

Y que la naturaleza siga su curso. El resto de gobiernos no tienen la incidencia o la complejidad de los  mencionados. Los demás pactos determinarán el clima entre los partidos, e influirán en lo que se acuerde, pero no demasiado: cada ciudad es un mundo, y Murcia también.

En dos semanas empiezan a constituirse Parlamentos regionales, y poco después, los ayuntamientos. Puede que no todo esté atado para entonces, porque resulta difícil de encajar, y todos tienen que dejar claros sus puntos de vista, sus principios, y argumentar sus alianzas. Pero si nos olvidamos de declaraciones altisonantes y de las manipulaciones de los medios, en el fondo, no hay tantas salidas. O vamos a nuevas elecciones, o el resultado se parecerá a lo expuesto. Al final del verano.


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