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Forbes

Cuando uno se para a mirar los niveles de deuda de los países emergentes, especialmente los de Latinoamérica, podemos ver cómo esa deuda que representan determinados países, de acuerdo con el peso de la misma en su producto interior bruto (PIB), no es tan elevada como sí lo es en otras economías desarrolladas de la Unión Europea. Sin embargo, la vulnerabilidad de las mismas les obliga a ser cautelosos con el exceso de apalancamiento; ante el posible colapso de muchas economías.

Si atendemos, como decía, a los datos que presentan los países latinoamericanos, podemos extraer una conclusión digna de una reflexión bastante profunda. Y es que, mientras Ecuador, con unos niveles de deuda cercanos al 50%, tuvo que pactar un rescate con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para sanear sus cuentas públicas, otros países con un PIB infinitamente superior, así como unos niveles de deuda que rozaban, o superaban, el 100% del PIB, presentan unas cuentas más saneadas, así como una calificación superior en términos de rating.

En otras palabras, los niveles de deuda no es lo preocupante, sino la calidad de una economía y la capacidad de afrontar el pago de la misma. Como podemos observar, la economía española presenta unos niveles de deuda que rozan el 100% de su PIB, un 97% en estos momentos. Pese a soportar estos niveles de deuda, España posee un rating crediticio de A-, lo que le lleva a tener que emitir deuda a unos bajos costes de financiación. Sin embargo, en el caso de Ecuador, su calificación crediticia, por el hecho de presentar una calificación de B-, lo que podríamos considerar como negativa, le lleva a tener que afrontar un mayor coste.

La prima de riesgo en España, es decir, el indicador que evalúa el riesgo de la deuda de un emisor, frente a un país de referencia, se sitúa en los 70 puntos básicos frente a la deuda alemana. Esto ha llevado a España a que, en relación a su bono a 10 años, esté ofreciendo rentabilidades del 0,40% en sus obligaciones de deuda a largo plazo. Sin embargo, en el caso de Ecuador, el bono obliga al país a pagar cerca del 10% de interés por su deuda, un 13% relativo; lo que, pese a los menores niveles de deuda que soporta el país, su debilidad institucional y económica le lleva a tener que afrontar sobrecostes al endeudarse.

Pero esto no solo ocurre en Ecuador, sino que en otros países, como México, ocurre de la misma forma. Los niveles de deuda en los países latinoamericanos son relativamente bajos; no obstante, la calidad de la deuda es inferior. Una inferioridad que aporta una mayor robustez a determinados países, los cuales, pese a poseer un gran nivel de deuda, presentan un bajo riesgo, así como unos intereses bastante bajos, respecto a los países emergentes de Latinoamérica. Estados Unidos es un claro ejemplo de ello, pues presentan un bono a 10 años al 1,90%, aproximadamente, mientras que los niveles de deuda superaban el 100% de su PIB.

En México, como decíamos, ocurre algo similar. El país azteca, en estos momentos, está teniendo que afrontar cerca de un 7% de interés en el bono a 10 años. Sin embargo, atendiendo a sus niveles de deuda, el país posee una deuda inferior a los países que mencionábamos anteriormente, pues con un 53% de deuda, la economía mexicana presenta una calificación de A3 (negativa), lo que le lleva a tener que afrontar ese sobrecoste en el pago de la deuda para poder financiarse.

Como podemos observar, no es el nivel de deuda del país en sí mismo, sino que va más relacionado con la capacidad de pago del emisor. Atendiendo a variables como la deuda para justificar el pago de intereses, la calificación crediticia, así como el pago de intereses, en países como México o Ecuador debería ser más bajo de los niveles que presentan. Sin embargo, los países europeos, por el hecho de serlo y contar con una mayor confianza, se ven muy favorecidos en el pago de la deuda.

Es por esta razón por la que los países latinoamericanos, emergentes como denominador común, no pueden comparar sus niveles de deuda con otras economías desarrolladas. Incrementar los niveles de deuda en países como México o Ecuador, hasta rozar el 100% del PIB, podría ser el mayor suicidio que podría cometer un país emergente como los mencionados. La incapacidad de pagar ese nivel de deuda, en países como estos, acabaría asfixiando al país; los niveles de deuda tan elevados llevan a un cuantioso pago de intereses, lo que debilitaría la propia economía.

La deuda que emiten estos países, como decía, debe emitirse con mucha cautela. Más en un momento como el que atravesamos, donde la situación puede variar mucho y donde la política monetaria podría revertir su situación. Ante ello, como decía, determinados países podrían ver incrementado el nivel de intereses por el pago de la deuda, ya que si se produce un incremento en economías más sostenibles y estables podría peligrar la contratación de deuda emergente, dado que el riesgo, en un beneficio que se incrementa por el incremento de intereses en el pago de bonos más seguros.

Ante esto, los niveles de deuda podrían dispararse abruptamente, obligando al país a afrontar un sobrecoste que no estaba previsto y dificultando su capacidad de pago. Una situación que ya ven países latinoamericanos como el Ecuador y a los que se le ha avisado de los posibles riesgos que supone la hipótesis. Por ello, antes de acabar, volvemos a hacernos la misma pregunta: ¿Son sostenibles los niveles de deuda? 

Ante la pregunta, contesto: depende de los niveles de deuda y la capacidad de pago. La gestión pública juega un papel determinante en este escenario, por lo que todo depende de la gestión que se haga con esos niveles de deuda, así como el escenario propuesto por los dirigentes y gobernantes. Unos dirigentes que no dejan de acechar a los crecimientos con imágenes tan desastrosas como en las que se ve a grandes funcionarios políticos estableciendo acuerdos con cárteles de la droga; debilitando así parte de las escasas credenciales que presentan los países en la región.


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