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Diario de Navarra

 La crisis provocada por la Covid-19 ha agravado los problemas estructurales que afectaban a Navarra. Hay dos maneras de hacer políticas públicas: la de favorecer las iniciativas de los ciudadanos y la de sustituirlos. Esto último ocurre cuando los políticos creen que sus actuaciones pueden ser más prósperas que las de los particulares. Esta soberbia de los gobernantes lleva a un intervencionismo letal, porque estos aprendices de brujo no generan riqueza sino que la destruyen.

Madrid es la región locomotora de España, porque es la que ofrece mejores incentivos a generar actividad económica. Por el contrario, aunque Navarra por inercia sigue estando en una buena situación frente a la media española, se ha alejado de la de Madrid, la región puntera. Si comparamos la evolución de los indicadores macroeconómicos forales con los de Madrid de 2020, el último año con datos completos, Navarra se ha comportado mucho peor. Las cifras forales de crecimiento de PIB, deuda pública, déficit presupuestario, esfuerzo fiscal, inversión en infraestructuras e instalación de nuevas sociedades son horrorosas frente a las madrileñas.

En 2020 ninguna sociedad anónima se constituyó en Navarra, mientras que en Madrid fueron 148. El ‘paraíso’ que nos ha montado el arrogante Ejecutivo foral, en línea con el de la Moncloa, no ha atraído a ningún gran inversor.

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