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may
Expansión

El pasado 7 de mayo este periódico publicó en sus páginas de opinión un artículo firmado por Yanis Varufakis, el famoso – y peculiar– ministro griego de economía. El título del artículo, Un plan de acción para la recuperación de Grecia,es atractivo, ya que promete presentar las ideas que tiene el gobierno griego para sacar a la economía de su país de la profunda crisis en la que hoy se encuentra inmersa, cuestión aún más importante, sin duda, que los acuerdos de financiación de la deuda, que se están negociando desde hace ya bastante tiempo con los pobres resultados que todo el mundo conoce.

Tiene razón Varufakis cuando afirma que el país necesita llevar a cabo reformas que eliminen las trabas que impiden el crecimiento del país. Es verdad que en Grecia se ha mentido y defraudado sin límites, que han existido alianzas poco santas entre los gobiernos y los grupos de interés y que el clientelismo ha campado a sus anchas durante muchos años. Cuestión diferente es que sus propuestas sean viables; y que, en el caso de que lo fueran, sirvan de base para diseñar la política económica que hoy Grecia necesita. Junto a la propuesta de un “banco malo” que ayude a que el sistema bancario pueda volver a dar créditos a las empresas, el instrumento en el que Varufakis fundamenta su estrategia es la creación de un gran “banco de desarrollo”. Esta institución se convertiría en el motor de la economía griega. En su opinión sería el bálsamo de Fierabras, que curaría todos sus males. Permitiría que se recuperara el crédito, aumentara la inversión y disminuyera el desempleo. El crecimiento de la economía permitiría, a su vez, que el Estado saneara sus fianzas y capitalizara los fondos de pensiones.

Con esta política “Grecia se convertiría en una excelente oportunidad de inversión”. Y fondos de todo el mundo acudirían al país ¿Qué sitio habría mejor para invertir que la Grecia gobernada por Syriza?

Toda la argumentación de Varufakis ofrece, sin embargo, una imagen tan poco creíble como el cuento de la lechera. Grecia tiene muchos problemas que hay que solucionar. Entre ellos están la baja productividad, desequilibrios sustanciales entre los ingresos y gastos públicos, una enorme deuda externa, insuficiente inversión, etc., etc.… Pero creo que no me equivoco si afirmo que el mayor de todos es la falta absoluta de credibilidad del país, tanto de su sector productivo como de sus instituciones y de su gobierno. Y el cambio político que tuvo lugar hace algunos meses no ha mejorado las cosas; por el contrario, las ha dejado todavía peor aun de lo que estaban. La imagen exterior del país es aún más pobre de lo que era hace seis meses. Los depósitos de la banca disminuyen día a día y la salida de capitales no se frena. Y es lógico. Lo sorprendente no es que ocurra esto, sino que haya gente que todavía siga guardando sus ahorros en un banco griego, a sabiendas de que, si su gobierno no llega a un acuerdo con la troika, el país puede llegar a limitar por ley la retirada de depósitos; en otras palabras a establecer un corralito, con lo que esto supondría para los ciudadanos griegos que no hubieran puesto a salvo sus ahorros.

Hay que ser bastante ingenuo para pensar que este gran banco de desarrollo, manejado por el actual gobierno pueda generar confianza. Grecia necesita reformas. Pero no un gobierno irresponsable que pretenda relanzar la economía dirigiendo su sistema financiero y canalizando los recursos del país hacia “inversiones productivas bien seleccionadas” como dice Varufakis. Por cierto, ¿quién las va a seleccionar? ¿El mismo Varufakis?

En el artículo se olvidan muchas cosas y se interpretan otras de forma equivocada. Entre las primeras están las reformas que el FMI, el BCE y la Unión Europea proponen y el gobierno se resiste a aplicar. Entre las últimas me llama la atención la idea que relaciona el crecimiento de la economía informal con la desregulación del mercado de trabajo. Dice Varufakis que hay que conseguir: “El regreso al sector formal de los trabajadores condenados a la informalidad por la brutal desregulación del mercado laboral durante los años oscuros del pasado reciente”. Es decir que, en su opinión, es la liberalización del mercado de trabajo la que ha hecho crecer la economía sumergida. Pues bien, esto es un auténtico disparate. Cualquier economista –y cualquier persona con un poco de sentido común– sabe que lo que es cierto es justamente lo contrario. Son la regulación y la burocracia los motivos por los que crece la economía informal, como numerosas experiencias confirman. Y si Grecia no cuenta con un mercado de trabajo flexible y abierto, las escandalosas tasas de paro que hoy existen, no se reducirán de forma significativa.

Con mimbres tan poco sólidos es difícil hacer un buen cesto. No es sorprendente que la economía griega haga aguas por todos lados. El gobierno actual recibió una herencia poco envidiable. Pero, me temo que, si no cambian las cosas, la economía con la que se encuentre el próximo gobierno estará en una situación aún más lamentable.


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