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nov
Actualidad Económica

Europa avanza muy lentamente en paridad entre hombres y mujeres, ya que esta solo ha aumentado en 5,4 puntos desde 2005 y en un punto entre 2016 y 2017. La media actual de la UE se encuentra en 67,4 en una escala del uno al 100, donde uno es la desigualdad absoluta y 100, el equilibrio perfecto entre ambos sexos, según un Índice del Instituto Europeo de Igualdad de Género (EIGE). Incluye aspectos como la brecha salarial, el acceso a los estudios universitarios, el reparto de las tareas domésticas y de puestos de responsabilidad, tanto en el ámbito público como privado.

Más de la mitad de los países de la UE obtienen puntuaciones inferiores a la media. Encabezan la lista Suecia (83,6) y Dinamarca (77,5), que repiten posiciones respecto al informe anterior. En el otro extremo se encuentran Grecia y Hungría, con menos de 52 puntos. España ocupa el noveno lugar, con 70,1 puntos, 2,7 más que la media europea. Nuestro país es uno de los que ha subido a un ritmo más rápido: 7,9 puntos entre 2005 y 2017.

Una de las categorías más uniformes entre unos países y otros es la relativa a la distribución de poder, la cual analiza la igualdad en la toma de decisiones. Esta sigue quedando mayoritariamente en manos de los hombres, con una puntuación de 51,9. No obstante, se trata del ámbito en el que se percibe mayor avance, especialmente gracias a la proliferación de mujeres en consejos de administración de las empresas. Destaca Francia, el único país cuyos consejos de administración, al menos los de las compañías que cotizan en bolsa, están compuestos por como mínimo un 40% por mujeres. En España, por el contrario, estas solamente representan un 18%, lo que hace del nuestro el país donde las desigualdades de género en el dominio del poder resultan más pronunciadas (62). Eso sí, la puntuación ha crecido significativamente desde los 16,1 puntos que se registraban en 2005.

Fuente: Actualidad Económica

En definitiva, la situación de España en cuanto a igualdad de género está mejorando a un ritmo considerable. Prueba de esta nueva sensibilidad es el hecho de que recientemente constituyese motivo de numerosas críticas el acto de apertura del año judicial, donde se puso de manifiesto que, aunque las mujeres forman ya el 53% de la judicatura, tan solo el 27% de ellas se encuentra en los órganos superiores.

Igual que es una injusticia que la hora de trabajo de una mujer se retribuya menos que la de un hombre cuando la tarea sea idéntica, puede suponer también una arbitrariedad exigir a una empresa que en su consejo de administración haya paridad de sexos. Hay muchas mujeres que, con esta
imposición, se sienten agraviadas en su papel de “consejeras de cuota”, cuando su realidad es otra: están en esa posición de poder con la legitimidad que les da su competencia profesional, la cual, muchas veces, supera a la de sus compañeros varones. ¿Por qué no dejar al empresario, que es quien arriesga el dinero, la potestad de elegir a las personas más capaces, sin que importe su sexo?


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