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sep
Expansión

A pesar de las declaraciones del Presidente Trump, los huracanes y los malos augurios sobre el futuro de la economía de Estados Unidos se da por seguro que la Reserva Federal (Fed) subirá un 0,25% los tipos interés el miércoles de esta semana. En lo que va de año la Fed ha elevado dos veces el precio del dinero, hasta dejarlo en el 2% y ha prometido dos subidas más: una que muy probablemente será esta semana y otra en diciembre. Esta subida de tipos obedece al comportamiento de la inflación y del mercado laboral en los EEUU y también a la necesaria normalización de la política monetaria.

La inflación de EEUU, aunque controlada, sigue alta; en agosto se situó en el 2,7% (lejos del 2%, que es el objetivo de política monetaria). Además, remontará en los próximos meses como consecuencia del incremento de los precios del petróleo, la subida de los aranceles a las importaciones, los aumentos de los salarios y la mayor demanda de bienes de consumo. A esta situación de los precios se ha unido el sorprendente buen comportamiento del mercado laboral durante el mes de agosto: a) aumentó la contratación en más de 200.000 empleos; b) la tasa de paro se mantuvo muy baja y estable (+3,9%); y c) se están produciendo presiones alcistas sobre los salarios que crecen al 2,9% en tasa interanual (máximo desde junio de 2009). Esta subida de salarios y empleo, junto al elevado crecimiento económico, justifican que la Fed siga subiendo los tipos de interés. También porque, por ahora, la munición de la que dispone la Fed para luchar contra una próxima recesión es todavía muy limitada; de ahí que también necesite elevar los tipos para que, en caso de que se produjera una futura crisis, tenga recorrido para bajarlos.

Una hoja de ruta que demostraría que la política monetaria es independiente de la voluntad del Presidente de EEUU. Es sabido que Donald Trump está tratando de impulsar todavía más la economía del país con estímulos fiscales y aumentos en los aranceles. Por si esto fuera poco, le gustaría que la política monetaria fuera más expansiva, por lo que ha criticado la subida de tipos de interés del presidente de la Fed, Jerome Powell. Conviene recordar que lo que está haciendo Powell es aprovechar la recuperación económica de EEUU para subir tipos hasta un punto en que estos sean neutrales.

EUROPA A PASO DE TORTUGA

En cambio, en la zona del euro (UEM) la situación parece diferente. El crecimiento del PIB, la inflación y la creación de empleo son más bajos que en EEUU. En agosto, la inflación anual se situó en el 2% y la subyacente cayó desde el 1,1% de julio al 1% de agosto. Esta debilidad del crecimiento de los precios se corresponde con el menor crecimiento de la zona. El Banco Central Europeo (BCE) rebajó la semana pasada su previsión de crecimiento del PIB para la UEM del 2,1% al 2% para este año y del 1,9% al 1,8% para el próximo debido a la menor contribución de la demanda exterior. La guerra arancelaria de Trump amenaza el comercio mundial y también parece que pasa factura a las exportaciones europeas.

La situación de la UEM es, por tanto, muy diferente a la de EEUU, también porque su tasa de paro es más elevada: 8,2% (en julio) frente al 3,9% de EEUU. Toda esta información (inflación, desempleo y crecimiento económico) apunta a que la Eurozona sigue lejos de alcanzar una situación económica aceptable. De ahí que la política monetaria menos expansiva del BCE se deba realizar de forma muy gradual ya que la inflación subyacente en la UEM no supera el 1%, es decir, las subidas de precios vienen jalonadas por los incrementos en los precios de la energía y de los alimentos frescos.

Además, conviene recalcar que si el BCE subiera los tipos de interés dificultaría el pago del servicio de la deuda pública además de apreciar el euro. Y un euro más apreciado supondría una pérdida de competitividad para la UEM que debilitaría las exportaciones de bienes y servicios, que son una fuente importante de su crecimiento.

Esta diferencia coyuntural entre las dos áreas económicas más influyentes del Mundo, Estados Unidos (EEUU) y la Eurozona (UEM), permite hacer un análisis más estructural. Es decir, la buena coyuntura de EEUU muestra también las ventajas que tiene el disponer de unidad política y de mercado, lo cual le facilita ser la primera potencia económica, tecnológica, política, militar y cultural del Mundo. Mientras la Eurozona, que carece de esa unidad política y económica, sigue renqueando.

AVANZAR EN LA CONSTRUCCIÓN EUROPEA

Por poner un ejemplo de ello, en EEUU la salida a la crisis económica se gestionó de manera muy positiva. En cambio, en Europa el combate frente a la crisis se produjo con retraso. No se hizo mal, pero se hizo tarde. Después de la crisis, Europa todavía soporta el pesado fardo de no tener una Unión Bancaria; la banca italiana, por ejemplo, no está funcionando bien y también hay problemas con las cajas de ahorro en Alemania. El hecho de que Europa no tenga un sistema único de resolución bancaria está lastrando la salida de la crisis.

Si la UEM quiere mejorar su crecimiento potencial debe seguir avanzando, por ejemplo, con un sistema europeo de garantía de depósitos y un fondo de resolución de crisis bancarias, para que, si se da el caso, no sea el Estado (es decir, los contribuyentes) los que terminen pagando el rescate de los bancos o su quiebra.

También se debe aplicar una verdadera Política Fiscal Común, lo que exigiría un ministro de Finanzas único para toda la UEM (que estaría por encima del de los países), un Tesoro Común, mutualizar la deuda pública a través de los eurobonos y una mayor armonización fiscal.

FALTA VOLUNTAD POLÍTICA

Parece que en lo conceptual los responsables políticos de los principales países de Europa coinciden en que hay que ir hacia el formato de “Estados Unidos de Europa”, lo que supone una verdadera unión política y económica. Para ello, se requiere que los países caminen hacia políticas tecnológicas, bancarias, fiscales y de gestión de la deuda pública más comunes. El problema es que no se avanza porque aunque Alemania y Francia parezcan estar de acuerdo, piensan en cosas distintas; la letra pequeña los divide.

Y es una pena porque en este momento histórico de cierto auge económico, existe esa oportunidad de dirigir las fuerzas hacia un verdadero mercado europeo único.


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